Jorge Mora, ministro de Defensa designado por el presidente electo Abelardo De La Espriella, viajó a Washington. Allí se reunió con Joseph Humire, subsecretario de Guerra para Asuntos de Seguridad de las Américas del Pentágono. No fue una visita de cortesía.
Según declaró el propio Mora, «durante la jornada se sostuvieron reuniones con las principales oficinas responsables de seguridad hemisférica, cooperación en seguridad, defensa de la patria, ciberseguridad, defensa económica, operaciones especiales, lucha contra el narcotráfico y la Oficina del Secretario de Guerra de los Estados Unidos».
Humire lo confirmó desde su cuenta de X. Fue directo: «Colombia es históricamente uno de los socios de seguridad y defensa más fuertes de EE. UU.». Luego fue más lejos. Bajo el liderazgo de De La Espriella, escribió, «planeamos llevar esta asociación a nuevos niveles con el Plan Patriota 2.0».
Mora respondió en la misma red. «Colombia y Estados Unidos comparten una alianza histórica, basada en la confianza, la cooperación y el compromiso con la seguridad y la defensa de nuestros pueblos», señaló. Agregó que seguirán «trabajando para fortalecer esta relación estratégica».
El contraste con el ciclo anterior es difícil de ignorar. Durante el gobierno de Petro, la relación con Washington se deterioró en público y con frecuencia. El aparato estatal colombiano miró hacia otros horizontes. El resultado está en las cifras de violencia y en el avance territorial de las estructuras criminales.
Ahora el gobierno entrante manda una señal distinta antes de tomar posesión. Va al Pentágono. Habla de narcotráfico, ciberseguridad y operaciones especiales. Usa el lenguaje de la cooperación real, no el de la denuncia antiimperialista.
Para Contrafuego, esto importa por una razón simple: la seguridad es el piso de todo lo demás. Sin orden, no hay inversión. Sin inversión, no hay libre empresa. Sin libre empresa, no hay prosperidad para nadie. Colombia lleva años pagando el costo de un Estado que prefirió el relato a los resultados. El Plan Patriota 2.0 es solo un nombre por ahora. Pero la dirección, al menos, apunta al lugar correcto.



