Por primera vez en la historia de Colombia, la posesión presidencial podría salir de Bogotá. El Senado ya aprobó trasladar la ceremonia del presidente electo Abelardo de la Espriella al departamento del Cauca. La Cámara de Representantes aún no se pronuncia.
El escenario elegido es Popayán. El lugar que se contempla es el campo de parada del Cantón Militar José Hilario López. Es el único espacio con capacidad para más de 500 personas. El problema: la semana pasada un dron con artefacto explosivo cayó sobre un helicóptero dentro de esa misma instalación. El explosivo no detonó. La advertencia quedó.
El Cauca no es territorio tranquilo. Es uno de los departamentos con mayor presencia de grupos armados ilegales. Las disidencias de las FARC y el ELN operan allí. Organismos de inteligencia, según la fuente, ya emitieron una alerta sobre un presunto plan de atentado contra el presidente electo.
Las Fuerzas Militares avanzan en el planeamiento preliminar. La Tercera División del Ejército, con sede en Popayán, elaboraría el plan táctico. Se estudia reforzar el operativo con tropas y vehículos desde Cali. El esquema incluiría componentes terrestres y aéreos. La Casa Militar coordinaría el primer anillo. La UNP protegería a funcionarios e invitados. El Ejército controlaría el perímetro externo.
La Constitución obliga a que el presidente jure ante el Congreso en pleno. Eso significa trasladar a los 296 congresistas hasta el Cauca. También llegarían jefes de Estado, delegaciones internacionales, magistrados, generales y altos funcionarios. Entre los invitados figura el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. Todos pasarían por el aeropuerto Guillermo León Valencia, una terminal de tamaño reducido.
El dinero es otro problema. Según información publicada por El Tiempo y recogida por El Colombiano, la Presidencia no tiene recursos para financiar el traslado de los casi 300 congresistas. Los fondos disponibles cubren transmisión del evento, alimentación y gastos operativos básicos. El transporte aéreo de los legisladores no está en el presupuesto vigente ni en el decreto que reglamenta la posesión. Sería el propio Congreso quien debería cubrir ese costo.
La Cancillería asumirá el hospedaje de jefes de Estado y delegaciones extranjeras. El Gobierno garantizará sus esquemas de seguridad. El resto está por definirse.
Aquí está el cuadro completo: una ceremonia histórica, en una zona caliente, con una amenaza de atentado documentada, en un aeropuerto pequeño, sin presupuesto cerrado. El aparato estatal tiene hasta el 7 de agosto para resolver lo que la política decidió sin preguntar cuánto cuesta.
De la Espriella apostó por el símbolo. Popayán como mensaje al país profundo tiene sentido político. Pero los símbolos no pagan vuelos ni despliegan batallones. Si el Estado improvisa la seguridad de su propio presidente en un territorio dominado por grupos armados, el mensaje que llegará al mundo no será el que De la Espriella quiere enviar. Que no te lo cuenten.



