A cinco días de la instalación de la nueva legislatura, el representante Daniel Briceño, del Centro Democrático, no tiene oficina asignada en el Capitolio Nacional. El congresista responsabiliza directamente al secretario general de la Cámara, Jaime Luis Lacouture.
«Aquí hay un señor que es secretario general del Congreso de la República. El señor se cree el dictador del Congreso de la República», declaró Briceño. Agregó que no está dispuesto a cambiar sus posturas políticas para conseguir un espacio de trabajo. «Él cree que nosotros, por una oficina, vamos a dejar nuestra coherencia y le vamos a ir a besar el anillo», afirmó.
El representante asegura que continuará su labor legislativa junto a su equipo mientras no se resuelva la asignación. Ya tiene listos, según él, 15 proyectos de ley.
Breceño también pidió públicamente que Lacouture no sea reelegido el próximo 20 de julio, fecha en que la Cámara elige su nueva mesa directiva y otros cargos administrativos. «Si queremos una verdadera renovación y dar un mensaje distinto en el Congreso, esperamos que el señor Lacouture no sea secretario general más de esta corporación», sostuvo.
El congresista aprovechó para recordar un episodio previo que rodeó al funcionario. Durante las elecciones legislativas en La Guajira, una camioneta asignada al esquema de seguridad de Lacouture fue detenida por las autoridades. En el vehículo encontraron 145 millones de pesos en efectivo distribuidos en sobres marcados con nombres de municipios, además de material de campaña y tarjetones didácticos del entonces candidato al Senado Daniel Restrepo.
Lacouture respondió en su momento mediante un comunicado. Señaló que un juez «declaró ilegal la captura» de su escolta y ordenó devolver el dinero. «No me movilizaba en dicho vehículo, ni participé de los hechos ya conocidos», precisó, y calificó las acusaciones como «infundadas».
Breceño retomó ese episodio como argumento central para exigir el relevo. Calificó la gestión del funcionario como «una de las peores cámaras de la historia, con pocas excepciones».
Que no te lo cuenten. Lo que describe Briceño no es un problema de logística. Es el retrato clásico de la burocracia enquistada: un funcionario que controla recursos administrativos y los usa, según la denuncia, para disciplinar a quienes no se arrodillan. Eso no es gestión; es aparato de poder. El 20 de julio los congresistas tienen la palabra. Si religen a Lacouture después de todo lo expuesto, el mensaje será claro: la renovación que venden es solo relato.



