Dos congresistas republicanas acusan a un exmiembro del Congreso de haber colocado interns que serían agentes de gobiernos extranjeros dentro de oficinas legislativas. La denuncia, que sacude Washington, llega acompañada de una revelación incómoda: el personal del Congreso de Estados Unidos no pasa ningún tipo de verificación de antecedentes.
La representante Anna Paulina Luna (R-Florida) encendió la mecha el fin de semana con una publicación en X. «Algunos archivos desclasificados verdaderamente perturbadores saldrán en las próximas semanas sobre un exmiembro del Congreso que colocó pasantes en otras oficinas que resultaron ser agentes de gobiernos extranjeros», escribió Luna, quien no identificó al exlegislador en cuestión. Un portavoz de su oficina confirmó a The Daily Wire que no pueden ofrecer un calendario concreto para la publicación de esos archivos.
La representante Kat Cammack (R-Florida) respaldó la denuncia y aprovechó para empujar su propia legislación, la H.Res. 500, que llevaría meses bloqueada. La propuesta exigiría verificaciones criminales de antecedentes para los empleados de la Cámara y obligaría a la divulgación pública de pagos, contratos o ciudadanías vinculadas a gobiernos extranjeros. Al no requerir la firma del presidente, solo necesita pasar el Comité de Reglas antes de ir al pleno.
«No hay verificaciones de antecedentes para el personal del Congreso. Ninguna», advirtió Cammack en X. La congresista relató en una entrevista con LiveNOW FOX que ha llevado la legislación a la atención del liderazgo y ha encontrado obstáculos en cada paso. «He escuchado algunas de las excusas más absurdas. Cosas como: "No tenemos tiempo". Sí tenemos tiempo», declaró.
Su objetivo, dijo Cammack, es «drenar el pantano» empezando por el propio Capitolio: «Que el pueblo estadounidense vea quién trabaja realmente en su nombre, o si tiene vínculos con una nación extranjera y está sirviendo a otro».
Que no te lo cuenten. El aparato legislativo más poderoso del mundo contrata personal sin siquiera una revisión criminal básica. Mientras el Congreso debate regulaciones para el sector privado, su propia casa funciona con una puerta trasera abierta de par en par. El hecho de que la H.Res. 500 encuentre resistencia interna — sin que nadie explique por qué — dice más sobre la burocracia del Capitolio que cualquier discurso sobre transparencia. Si los archivos desclasificados confirman la infiltración, la pregunta no será solo quién colocó a esos agentes, sino cuánto tiempo lleva el sistema tolerándolo.



