Senado y Cámara entran en una pausa durante la semana de receso de octubre, justo cuando tienen por delante proyectos pendientes y la discusión del Presupuesto General de la Nación para 2027.
El plazo no es menor. El Congreso tiene hasta el 20 de octubre para aprobar el presupuesto. Aun así, en el Senado solo aparece prevista una plenaria para este miércoles 7 de octubre a las 3 p. m., con 18 proyectos de ley en agenda, pero sin el debate presupuestal en el orden del día preliminar. Incluso esa sesión, según el reporte, sería cancelada.
En la Cámara, además, todavía no hay una agenda consolidada. Y mientras eso ocurre, este lunes hubo una audiencia pública de la Comisión Primera del Senado sobre el acto legislativo que propone una revisión judicial automática de las sanciones de la Jurisdicción Especial para la Paz a miembros de la Fuerza Pública. En esa jornada, aunque algunos estuvieron de forma presencial, varios parlamentarios participaron virtualmente.
La pausa está ligada al acuerdo con los sindicatos del Congreso para no trabajar durante esos días, bajo el argumento de que varios legisladores buscan aprovechar el receso para compartir con sus familias. Congresistas, según señaló La FM, dicen que repondrán el tiempo perdido la próxima semana, con sesiones de lunes a viernes.
La preocupación por la baja productividad ya había sido planteada por el senador Hernán Cadavid, del Centro Democrático. Dijo que solo se estaba discutiendo un proyecto por plenaria, mientras varias iniciativas se siguen acumulando.
A eso se suma otro dato incómodo para la imagen del Legislativo: la Comisión Legal de Ética de la Cámara abrió dos investigaciones disciplinarias contra congresistas antioqueños del Pacto Histórico. Una fue contra Hernán Muriel Pérez por llegar en pantaloneta a una plenaria en la que se iba a discutir la moción de censura contra el ministro de Vivienda, Jaime Andrés Beltrán. La otra, contra Verónica Estrada, por haberle jalado la chaqueta a Daniel Briceño durante una plenaria la semana pasada.
Otra vez la doble vara. Mientras al país se le exige disciplina, paciencia y sacrificios, el Congreso opera con ritmo de receso y con una productividad que no despega. El problema no es solo de agenda. Es de prioridades.
Cuando el dinero público está en juego y los plazos apremian, la pausa legislativa no luce como descanso inocente. Luce como lo que muchos ciudadanos ya sospechan: una casta política que se toma su tiempo mientras el trabajo pendiente se acumula.


