El Servicio Nacional de Guardacostas de Costa Rica, con apoyo de una aeronave del gobierno de Estados Unidos, interceptó este domingo una embarcación que transportaba más de dos toneladas de cocaína en aguas del Pacífico sur costarricense. El operativo se desarrolló a 97 millas náuticas de Cabo Matapalo y concluyó con la detención de tres ciudadanos colombianos identificados con los apellidos Murillo, Ruíz y Valencia.
La operación se enmarcó en el Convenio de Patrullaje Conjunto entre Costa Rica y Estados Unidos, coordinada por la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur de los Estados Unidos. Fueron sus sistemas de vigilancia marítima los que detectaron la embarcación sospechosa durante un sobrevuelo en espacio aéreo costarricense. El aviso activó el protocolo de emergencia: botes interceptores del Grupo de Operaciones Especiales (GOPES) y una patrullera se desplegaron de inmediato.
El despliegue duró aproximadamente doce horas. Alrededor de las 3:00 de la madrugada, las unidades ubicaron y detuvieron la lancha, que carecía de matrícula y de nombre visible, y estaba equipada con tres potentes motores fuera de borda, junto con varios estañones de combustible. En su interior: 71 bultos. Ya en el muelle de Golfito, los agentes de la Policía de Control de Drogas contabilizaron un total de 2.066 paquetes de cocaína, con un peso aproximado de un kilogramo cada uno.
«Nuevo golpe al narcotráfico internacional», destacó la Presidencia de la República en su comunicado oficial. Juan Carlos Alvarado, director de Guardacostas, confirmó los detalles del operativo. Los tres detenidos quedaron a la orden de las autoridades judiciales costarricenses.
No es un hecho aislado. El 9 de julio, otro operativo frente a la Bahía Ballena de Osa permitió dar seguimiento a una embarcación que transportaba 84 sacos, cada uno con aproximadamente 30 paquetes de aparente cocaína.
Que no te lo cuenten. Detrás de cada «lancha sin matrícula» hay una red de tráfico que mueve miles de millones de dólares y financia la violencia que destruye comunidades enteras. Este decomiso no ocurrió por azar: ocurrió porque Costa Rica mantiene activo un convenio de cooperación con Estados Unidos, porque la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur desplegó sus sistemas de vigilancia, y porque los guardacostas respondieron sin demora.
Esa es la lección que el relato antiyanqui prefiere ignorar: la soberanía real no se ejerce rechazando la cooperación con aliados democráticos, sino usándola para proteger a los ciudadanos del crimen organizado. Cada tonelada decomisada es un golpe al aparato narco. Cada convenio operativo es libre empresa de la seguridad funcionando. La alternativa —la soledad ideológica frente al Pacífico— ya la conocemos: más droga, más violencia, más impunidad.



