Sen. Ted Cruz (R-TX) apareció en ESPN’s College GameDay en Austin para impulsar el Protect College Sports Act, una propuesta bipartidista que busca crear un marco nacional para la compensación por nombre, imagen y semejanza en el deporte universitario.
La recepción fue hostil. Estudiantes y aficionados de la University of Texas fueron escuchados coreando «Ted — you — suck» durante 10 minutos, hasta terminar abucheando al senador fuera del escenario, según Washington Examiner y Daily Wire.
Cruz habló con Rece Davis durante varios minutos y sostuvo que el deporte universitario cayó en el desorden tras los fallos judiciales federales que derribaron los límites de compensación de la NCAA. Dijo que hoy existe «caos» y que «no hay reglas».
La iniciativa, copatrocinada con Sen. Maria Cantwell (D-WA) y respaldada por Sen. Chris Coons (D-DE), busca prohibir que un impulsor o tercero entregue dinero por debajo de la mesa, limitar los pagos por reparto de ingresos con un ajuste anual por inflación y fijar reglas nacionales para el sistema NIL. Según las fuentes, la medida pasó el Comité de Comercio del Senado en junio con apoyo bipartidista y necesita 60 votos para avanzar.
El calendario legislativo también juega en contra. La votación de cierre fue aplazada por el receso de agosto y el Senado volverá a reunirse el 14 de septiembre. John Thune (R-SD) dijo que el proyecto quedó listo para una votación en septiembre.
Trump pidió apoyo bipartidista para enviar el proyecto a su escritorio y firmarlo. Pero los demócratas han frenado el impulso y el Congressional Black Caucus dijo que deberían retener el apoyo hasta que se atiendan preocupaciones de atletas negros, entrenadores y HBCUs.
La misma grieta se ve en la discusión sobre el portal de transferencias. Cruz lo llamó «terrible para el juego» y culpó a fallos antimonopolio provocados por el Congreso por el panorama actual.
Más allá del ruido en Austin, el trasfondo es claro: el sistema quedó atrapado entre intereses de universidades, jugadores, patrocinadores y burócratas federales que no terminan de poner orden. Cuando no hay reglas estables, gana la improvisación; y cuando el Estado entra tarde, suele hacerlo peor.
Aquí está la verdadera disputa: si el deporte universitario va a seguir bajo una maraña de decisiones judiciales, parches estatales y presión de cabildeo, o si finalmente habrá un marco que premie el mérito, ponga límites al dinero opaco y devuelva previsibilidad. Que no te lo cuenten.


