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De adorador del diablo a preso musulmán: el exnovio asesino de Christa Pike cambia de nombre en la cárcel

Tadaryl Shipp, condenado por el asesinato de Colleen Slemmer, aparece en registros de Tennessee con el alias Abdul Khalip y pidió en 2016 comidas halal y aceites para la oración islámica. En paralelo, Christa Pike sigue hospitalizada tras el fallido intento de ejecución en Tennessee.
martes 6 de octubre de 2026

Tadaryl Shipp, el entonces menor de edad que participó junto con Christa Pike en el brutal asesinato de Colleen Slemmer en 1995, aparece en registros estatales de Tennessee bajo el alias Abdul Khalip.

De acuerdo con la información conocida sobre el caso, Shipp está recluido en el Northwest Correctional Complex de Tennessee. Su foto más reciente, de junio de 2024, lo muestra con barba canosa y anteojos. Tendrá otra oportunidad para pedir libertad condicional en octubre de 2031; la junta ya le negó una primera audiencia el pasado octubre, citando la gravedad del crimen.

En 2016, Shipp acudió a una corte federal para exigir comidas halal y aceites islámicos para la oración dentro de prisión, y perdió. Antes de su captura, había explorado el satanismo cuando era adolescente. Tras el asesinato de Slemmer, los investigadores hallaron parafernalia satánica en su dormitorio, y también se informó que él y Pike llevaban colgantes de pentagrama cuando fueron detenidos.

El crimen fue cometido el 12 de enero de 1995. Según la reconstrucción del caso, Shipp y Pike, entonces de 17 y 18 años, atrajeron a Slemmer, de 19, a un lugar apartado del campus agrícola de la Universidad de Tennessee, en Knoxville. Los fiscales sostienen que Shipp la inmovilizó cuando intentó huir y le grabó pentagramas en el pecho y el rostro. Pike la apuñaló decenas de veces antes de aplastarle el cráneo con un trozo de asfalto. Después, habría tomado un fragmento del cráneo como recuerdo y se lo mostró a una compañera.

El exjefe de policía de Knoxville Phil Keith, con casi 34 años en la fuerza, dijo que la escena estuvo entre las peores que vio en su carrera. Por ser menor de edad, Shipp no podía recibir la pena de muerte. Recibió cadena perpetua por asesinato en primer grado, más 25 años por conspiración.

Una tercera participante, Shadolla Peterson, se declaró culpable de complicidad después de los hechos, declaró contra ambos amigos y obtuvo libertad condicional.

Pike, por su parte, sigue en el centro de la atención tras el fallido intento de ejecución de Tennessee la semana pasada. Dos dosis de pentobarbital no lograron matarla, pese a que ella había pedido un método distinto. Fue trasladada a un hospital y permanece en estado crítico. El gobernador republicano Bill Lee, que días antes había rechazado su pedido de clemencia, calificó el intento fallido de «profundamente perturbador», ordenó una revisión independiente y suspendió las ejecuciones restantes del estado para este año.

Que no te lo cuenten: el caso vuelve a mostrar cómo la burocracia penitenciaria y judicial administra tragedias sin cerrar nunca del todo el expediente moral. Aquí no hay redención institucional, solo un sistema que convive con asesinos condenados, cambios de identidad y privilegios reclamados desde la cárcel.

Y otra vez aparece la doble vara. El costo humano lo pagó Slemmer; el costo fiscal y de gestión lo siguen cargando los contribuyentes de Tennessee. Mientras la izquierda suele vender la cárcel como un laboratorio de reinserción, casos como este recuerdan que la realidad también incluye fanatismo, violencia y un Estado que ni repara ni disuade como promete.

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