El presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, encabezó el sábado 11 de julio su segundo empalme territorial desde Yopal, Casanare. Se reunió con el gobernador César Augusto Ortiz y los alcaldes de los 19 municipios del departamento para fijar los lineamientos de inversión y atender la emergencia por inundaciones que golpea la región.
La agenda no fue solo protocolar. De la Espriella dejó sobre la mesa una postura que escasea en la política colombiana reciente: el control directo del gasto. «Vamos a ayudar al departamento y a sus 19 municipios, pero cada peso que se mande, voy a estar ahí, atento a que se invierta como debe ser», afirmó el mandatario electo. Y remató: «Personalmente verificaré cada peso, con un respeto absoluto por la plata del pueblo colombiano».
Sobre los proyectos, pidió a gobernador y alcaldes priorizar las obras que ya están en fase tres de avance técnico, para maximizar la ejecución en el tiempo que resta de los mandatos locales. Reconoció, sin rodeos, que primero hay que conocer la situación financiera real que dejará el gobierno de Gustavo Petro antes de comprometer recursos. Si el dinero no alcanza, buscará financiación a través de la banca multilateral y la empresa privada.
En materia humanitaria, anunció la entrega de 3.500 colchonetas, 2.000 kits de enseres básicos para el hogar, 6.500 mercados con alimentos no perecederos y 2.000 kits de aseo para las familias afectadas. La campaña de recolección comenzó desde Barranquilla, antes de su viaje a Yopal. Su esposa, Ana Lucía Pineda, coordinará personalmente el equipo de respuesta humanitaria.
De la Espriella también subrayó el potencial estratégico del departamento: «No puede haber la construcción de una patria milagro en Colombia sin contar con el Casanare, que tiene todas las condiciones para ser piedra angular de la recuperación de nuestra economía nacional, a través de la explotación de hidrocarburos y de la actividad agropecuaria y ganadera».
Que no te lo cuenten. Lo que se vio en Yopal es exactamente lo contrario del modelo que Colombia padeció en los últimos años: un presidente electo que llega a las regiones no a repartir promesas sin ancla fiscal, sino a pedir cuentas, priorizar lo ejecutable y abrir la puerta al sector privado cuando el Estado no alcanza. La vigilancia personal del gasto público no es un gesto retórico; es un principio de gobierno limitado y responsable que el petrismo nunca practicó. Casanare, con sus hidrocarburos y su vocación agropecuaria, puede ser el primer laboratorio de lo que De la Espriella promete: una Colombia que produce, invierte con orden y no dilapida la plata del contribuyente.



