Colombia tiene presidente electo, pero no tiene Congreso asegurado. Abelardo de la Espriella inicia su gobierno con un bloque declarado de apenas 37 senadores en un Senado de 103 curules, según el análisis publicado por El Colombiano con datos de la firma Orza. La aritmética es clara: sin negociar, no hay mayoría.
La primera señal llegó el 20 de julio en el Senado. La elecciónde Honorio Henríquez (Centro Democrático) como presidente de la corporación, imponiéndose a Alfredo Deluque —el candidato impulsado por el gobierno entrante—, demostró que las lealtades partidistas no son inamovibles. El Legislativo reclamó independencia desde el primer día.
Sin embargo, no todo fueron malas noticias: con 55 votos a favor y 32 en contra, el Senado aprobó la proposición de Enrique Gómez para que la posesión presidencial se realice en el Cauca. Las alianzas, en este Congreso, se recomponen proyecto a proyecto.
Si La U (ocho senadores) y los conservadores (nueve, sin contar a Wadith Manzur, quien está preso mientras avanza su caso por presuntamente estar involucrado en el saqueo a la UNGRD, según la fuente) se suman formalmente al bloque oficialista, la coalición llegaría a 54 votos: una ventaja estrecha y, de ningún modo, garantizada. «Las mayorías dependen de acuerdos sucesivos, capacidad de priorización y administración permanente de las expectativas partidistas y regionales», advierte el análisis de Orza citado por el medio.
En la Cámara de Representantes el panorama es similar: 53 curules confirmadas a favor del gobierno frente a 42 de oposición, con 88 curules todavía sin posición definida.
El exsenador de Cambio Radical Carlos Fernando Motoa lo dijo sin rodeos al mismo diario: «Partidos bisagra e integrantes de los mismos, así se declaren de gobierno, son los que pueden darle la espalda al presidente electo. Vienen acostumbrados a un clientelismo, una mermelada, una burocracia».
Los nombres que suenan en el liberalismo —María Eugenia Lopera, Fabio Raúl Amín y Yessid Pulgar— ilustran exactamente ese patrón. Amín respaldó las reformas de salud, laboral, pensional y agraria del gobierno Petro pese a haber apoyado a Federico Gutiérrez en 2022. Lopera votó a favor de la reforma de salud y, según la fuente, su partido la habría sancionado por romper la disciplina de bancada.
Que no te lo cuenten. De la Espriella hereda un Congreso que El Colombiano describe sin eufemismos como «ingobernable». El reto no es ideológico: es transaccional. Los partidos bisagra no piden coherencia programática; piden burocracia, espacios de poder y representación. Ahí está el verdadero campo de batalla. Si el nuevo gobierno cede a esa lógica, habrá cambiado de nombre pero no de sistema. Si resiste, tendrá que ser un maestro de la negociación legislativa. Colombia eligió un cambio; el Congreso todavía no decidió si acompañarlo.



