El gobierno entrante de Abelardo de la Espriella ya mueve fichas en el Congreso. Lo hace antes de tomar posesión. El ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, se pronunció sobre la elección del próximo contralor general y lanzó un mensaje directo a los partidos de la coalición.
El recado fue en cuatro puntos. Primero: la elección es un proceso «autónomo y soberano» del Congreso. Segundo: el candidato debe ser «anticorrupción y no pro-corrupción». Tercero: debe salir de las filas de la coalición —Centro Democrático, Conservador, Liberal, la U—. Cuarto: sería «injustificable e impresentable» que alguno de esos partidos terminara pactando con el Pacto Histórico, al que Lara calificó directamente de «enemigo» del gobierno.
El Congreso elegirá al nuevo contralor el próximo 12 de agosto, en sesión conjunta de Senado y Cámara, mediante voto secreto. Compiten formalmente diez aspirantes —cinco hombres y cinco mujeres, surgidos de un concurso de méritos—. Pero la disputa real se ha concentrado en cuatro nombres: Carlos Mario Zuluaga, exvicecontralor; Andrés Castro, personero de Bogotá; Jorge Eliécer Laverde, secretario de la Comisión Sexta del Senado; y Ana Elena Monsalvo, quien integró el equipo de empalme de De la Espriella.
Según El Colombiano, Castro y Laverde son señalados por distintos sectores políticos como cercanos al procurador general Gregorio Eljach. Eljach fue secretario general del Senado durante doce años. Desde allí construyó relaciones con numerosos congresistas, según la misma fuente.
El mensaje de Lara también apuntó al Centro Democrático. Ese partido, según lo reportado, habría respaldado el pasado 20 de julio la presidencia del Senado para Honorio Henríquez —no para Alfredo Deluque, el candidato que quería De la Espriella—. La jugada habría incluido votos del Pacto Histórico.
Que no te lo cuenten. Lo que está en juego el 12 de agosto no es solo un cargo técnico. La Contraloría fiscaliza el gasto público de todo el Estado. Ponerla en manos de alguien alineado con el petrismo saliente significaría dejar intacto uno de los principales engranajes del aparato que De la Espriella prometió desmantelar. La coalición tiene los votos. La pregunta es si tiene la disciplina. O si el reparto de cuotas termina, como tantas veces antes, por encima de cualquier principio.



