El presidente electo de Colombia, Abelardo De la Espriella, anunció el 17 de julio de 2026 la designación de Silvia Tcherassi. El cargo: embajadora ad honorem de la Moda, la Creatividad y la Identidad de Colombia. Sin sueldo. Sin burocracia extra.
El comunicado oficial de la oficina de prensa del presidente electo lo deja claro. La gestión es «de carácter estrictamente honorario». No hay remuneración económica. El modelo se sostiene mediante alianzas estratégicas. Así se abre mercado sin quemar dinero público.
Tcherassi no es un nombre decorativo. Tiene tiendas y talleres en Estados Unidos, Europa, el Caribe y Colombia. Fue la primera diseñadora latinoamericana invitada oficial a las pasarelas del Ready-to-Wear de Milán. Eso no lo dice el relato oficial. Lo dice su trayectoria.
Según el documento del nuevo gobierno, su labor se enfocará en articular encadenamientos productivos. Alta costura y tradiciones manufactureras locales. El objetivo es concreto: abrir nuevos mercados en los centros de distribución globales para la industria textil colombiana.
De la Espriella lo enunció sin rodeos. «Colombia tiene todo para convertirse en una potencia creativa», afirmó el mandatario electo. La experiencia de Tcherassi, añadió, ayudará a impulsar oportunidades comerciales reales para creadores, confeccionistas y pequeños productores de todas las regiones del país.
Esta designación forma parte de los planes de desarrollo cultural y económico de la administración entrante. El foco está en la economía creativa, el empleo y el talento emergente.
Aquí hay un principio que vale la pena subrayar. Un gobierno que llega al poder puede elegir dos caminos. Puede crear una nueva secretaría, contratar funcionarios, inflar el presupuesto y llamarlo política pública. O puede convocar a quien ya demostró resultados y pedirle que sirva sin cobrar. De la Espriella eligió el segundo camino. Eso, en el contexto latinoamericano, no es un detalle menor.
La libre empresa tiene sus propios embajadores. No los fabrica el Estado. Los forma el mercado. Tcherassi es prueba de eso. Que el nuevo gobierno lo entienda desde el primer anuncio dice algo sobre el rumbo que se viene.



