El presidente de Colpensiones, Carlos René Montoya, salió del cargo apenas tres días después de su posesión. La decisión fue tomada por Abelardo de la Espriella luego de la intervención del funcionario ante la Comisión Séptima del Senado, el 23 de septiembre.
Durante esa sesión, Montoya habló de la programación presupuestal de Colpensiones para 2027 y admitió limitaciones para explicar la entidad. Dijo: «es mi segundo día de trabajo, me tiraron a los toros (…)» y también: «Administrativamente, Colpensiones, lo estoy entendiendo, porque sería irresponsable decir que conozco la entidad profundamente».
La Presidencia confirmó la salida en un comunicado y sostuvo que la decisión fue inmediata para proteger la estabilidad del sistema pensional y la correcta administración de las mesadas. También señaló que «cada cargo público implica una enorme responsabilidad» y que los colombianos esperan funcionarios preparados, con dominio de los asuntos bajo su responsabilidad.
En el documento oficial, la Casa de Nariño agregó que «no hay cargos para aprender sobre la marcha cuando están en juego asuntos esenciales para la vida y el futuro de los ciudadanos». También afirmó que las pensiones y los ahorros de los colombianos exigen el máximo rigor, conocimiento y responsabilidad.
La reacción política no tardó. Gustavo Petro cuestionó la falta de continuidad institucional y defendió su reforma pensional. Dijo en X que su gobierno dejó una gran reforma que «disminuye el gasto del presupuesto» y permite que Colpensiones y los fondos privados no compitan.
Antonio Sanguino también se burló de la brevedad del paso de Montoya por la entidad. Escribió: «Carlos René, el breve. Abelardo de la Espriella bate récord: un Presidente de Colpensiones que duró dos días».
Duvalier Sánchez, del Partido Verde, fue más directo. Sostuvo que el debate dejó en evidencia la falta de experiencia del funcionario y afirmó: «Hubo un error del Gobierno». Además, advirtió que en manos de esa persona iban a estar «97 billones de pesos, la reforma pensional y su implementación».
El caso deja una señal incómoda para el Estado: cuando se trata del ahorro de los colombianos, la improvisación sale carísima. No basta con nombrar gente cercana al poder; hace falta competencia real, rigor y dominio técnico.
Que no te lo cuenten. En Colpensiones no está en juego una rueda de prensa ni una cuota burocrática. Está en juego dinero de los contribuyentes, ahorro privado y el futuro de millones de personas. El problema no es solo la renuncia: es la costumbre política de tratar cargos de enorme responsabilidad como si fueran puestos de aprendizaje.
Otra vez la doble vara. Cuando el sistema falla, el costo no lo paga la casta política; lo pagan los trabajadores. Por eso el estándar debe ser simple: menos propaganda, más preparación. Y en pensiones, menos relato y más capacidad.



