Delcy Rodríguez, sucesora de Nicolás Maduro al frente del régimen venezolano, salió a desmentir lo que muchos en el chavismo y fuera de él llevan meses susurrando: que alguien de adentro abrió la puerta.
En una entrevista con Javier Negre, Rodríguez aseguró que se enteró del operativo ejecutado por Estados Unidos el 3 de enero —que terminó con la captura del exlíder— cuando ya se encontraba en el estado Nueva Esparta. «Cuando estaba por acostarme y al minuto me estaban diciendo que había un ataque contra la capital, me sorprendió muchísimo», declaró.
Su versión es categórica: «No hubo un arreglo ni ningún conocimiento. La verdad histórica que les estoy diciendo». Rodríguez también negó cualquier tipo de negociación previa con Washington relacionada con el operativo.
Las especulaciones que circulan desde la caída de Maduro apuntan a una posible fractura interna dentro del chavismo como factor clave del éxito de la operación estadounidense. Rodríguez no solo niega eso, sino que se presenta como víctima de la sorpresa: reunida con Maduro hasta el viernes a las 8 de la noche, según dijo, y tomada completamente desprevenida horas después.
Lo que sí admitió, en cambio, es que nunca imaginó ocupar la posición que hoy ocupa. «Nunca me imaginé estar en esta posición y tener la responsabilidad histórica de enrumbar este país y llevar un proceso de reinicio de relaciones diplomáticas y cooperación con Estados Unidos. Sin duda alguna ha sido un giro importante a nivel personal», expresó.
Ahí está el nudo de la historia. Rodríguez niega la traición, pero reconoce el beneficio. Niega el arreglo, pero administra el resultado. Niega el conocimiento previo, pero hoy conduce las negociaciones con el mismo Washington que capturó a su jefe.
Desde Contrafuego, el principio es simple: los hechos son los que son, y los hechos dicen que el operativo del 3 de enero fue un éxito quirúrgico en el corazón de un régimen que lleva décadas sobreviviendo a base de lealtades compradas. Que Rodríguez niegue la traición no la descarta; que la niegue en televisión, con nombre y apellido, frente a un periodista, tampoco la confirma. Lo que sí queda en pie es la pregunta que el propio chavismo no puede responder: ¿cómo se captura a un dictador rodeado de su aparato de seguridad sin que nadie, absolutamente nadie, lo vea venir? Que no te lo cuenten.



