El presidente Donald Trump lleva semanas presionando al líder de la mayoría del Senado, John Thune, para eliminar el filibúster y sacar adelante la SAVE Act, el proyecto de ley de integridad electoral que exige verificación de ciudadanía para votar. El resultado: los demócratas se han puesto frente a las cámaras y, sin quererlo, han dejado al descubierto exactamente lo que Trump lleva meses denunciando.
El senador Richard Blumenthal, de Connecticut, lo dijo con todas las letras: «Estoy a favor de eliminar el filibúster para medidas específicas, no de forma general». La senadora Maria Cantwell, de Washington, fue más lejos: «Cuando quisimos aprobar la Ley de Derechos al Voto, estaba dispuesta a hacerlo». Y añadió que si considera que alguien está «ignorando la Constitución», también lo consideraría.
En otras palabras: la regla sagrada de los 60 votos es intocable cuando frena al adversario y prescindible cuando sirve a la propia agenda. Que no te lo cuenten.
La senadora Angela Alsobrooks resumió sin querer el argumento republicano: «El filibúster es lo que está impidiendo la SAVE Act del presidente Trump». Exactamente. Eso es lo que Trump lleva repitiendo en Truth Social, donde exigió a Thune que el Senado no salga a receso de agosto sin haber aprobado la ley o eliminado el obstáculo.
El senador Roger Marshall fue directo: «Creo que los demócratas eliminarían absolutamente el filibúster. Cada senador demócrata que está aquí ahora, y que estaba cuando tuvieron la oportunidad, votó para terminarlo».
La SAVE Act sigue paralizada en el Senado mientras el debate sobre la regla de los 60 votos se recalienta. Los demócratas bloquearon en el pasado las nominaciones del presidente Biden mediante el mismo instrumento que hoy defienden como bastión de la democracia.
El relato se cayó solo. Lo que la izquierda llama «protección de las minorías» en el Senado es, en la práctica, una herramienta que se activa o desactiva según quién tenga la mayoría y qué se vote. Los mismos senadores que ahora invocan el filibúster como garantía constitucional ya votaron para suprimirlo cuando les bloqueaba sus prioridades. No hay principio aquí: hay conveniencia.
Lo que está en juego con la SAVE Act es simple: verificar que quien vota en elecciones federales es ciudadano estadounidense. Oponerse a eso con el argumento de que «haría difícil ganar a cualquier demócrata» — palabras de la senadora Elissa Slotkin según Fox News Digital — dice más sobre los incentivos del partido que sobre cualquier preocupación por los derechos civiles. Otra vez la doble vara.



