Tom Suozzi, representante demócrata por Nueva York, lleva años construyendo su marca política sobre la defensa de los uigures: copatrocinó la Ley de Prevención del Trabajo Forzado Uigur —firmada por Biden— y desde 2024 copreside el Caucus Bipartidista del Congreso para los Uigures. Sus discursos no dejan lugar a dudas. «Lo que les está ocurriendo a los musulmanes uigures en Xinjiang debería sacudir la conciencia de todos», declaró al relanzar el caucus.
Pero los registros financieros del Congreso cuentan otra historia.
Según las declaraciones patrimoniales oficiales, Suozzi compró acciones de NIO —fabricante chino de vehículos eléctricos vinculado a cadenas de suministro asociadas al trabajo forzado uigur— en dos tramos: entre 1.001 y 15.000 dólares el 2 de septiembre de 2020, y entre 15.001 y 50.000 dólares el 5 de octubre de ese mismo año. Las vendió el 20 de mayo de 2021 por un monto de entre 15.001 y 50.000 dólares.
También invirtió en Baidu, el buscador chino que recibió críticas tras publicarse una patente que describía tecnología de reconocimiento facial capaz de identificar etnias, incluidos los uigures. Baidu afirmó que «nunca ha desarrollado ni permitido que su tecnología perfile ningún grupo étnico» y que la patente no representa «la implementación esperada de la invención». Suozzi vendió acciones de Baidu por entre 15.001 y 50.000 dólares en 2017.
En total, desde que ingresó al Congreso, Suozzi ha reportado 671 transacciones bursátiles con un volumen declarado de aproximadamente 20,9 millones de dólares.
El caso no es excepcional en términos estructurales: alrededor de la mitad de los miembros del Congreso reportan operaciones con acciones individuales. El representante republicano Bryan Steil (R-WI) introdujo este año la «Stop Insider Trading Act», que prohibiría a los legisladores comprar acciones individuales durante su mandato y les exigiría avisar con al menos siete días de antelación antes de vender.
Aquí está el principio en juego, y es simple: cuando un legislador construye capital político denunciando las atrocidades del Partido Comunista Chino y al mismo tiempo destina decenas de miles de dólares a empresas señaladas por esas mismas atrocidades, no estamos ante una contradicción menor. Estamos ante la hipocresía de la casta política en su forma más desnuda. El relato se cayó solo, y lo hicieron caer los propios registros oficiales. Que no te lo cuenten.



