Un gran jurado del condado de Lake, Florida, imputó el miércoles a Shahidul Islam, de 44 años, por el asesinato en primer grado con premeditación de Monica Islam. Era su cuñada. Murió el 2 de mayo de 2025 con un disparo en la cabeza.
Islam es ciudadano bangladesí. Había sido deportado de Estados Unidos. Reingresó de forma ilegal. Eso no es un detalle menor: es el centro del caso.
La víctima fue vista por última vez caminando hacia el auto de Islam. Horas después apareció en una cuneta. El fiscal estatal Bill Gladson, del Quinto Circuito Judicial, detalló lo que encontraron: manchas de sangre con el ADN de Monica Islam en el vehículo, una bala incrustada en la puerta del pasajero y la ventanilla destrozada.
Gladson también señaló que Islam realizó búsquedas en internet «sospechosas» la mañana del crimen. Después alquiló un auto. Manejó hasta Nueva York. Se refugió en una ciudad santuario.
Lo rastrearon. Lo capturaron. Fue procesado por ingreso ilegal, sentenciado y extraditado de vuelta a Lake County. Hoy está detenido sin fianza en el Lake County Detention Facility.
La oficina del fiscal anunció que buscará la pena de muerte. La razón citada: la gravedad extrema del crimen y el daño causado a la familia de la víctima. El director financiero jefe de Florida, Blaise Ingoglia, lo dijo sin rodeos: «Ninguna familia debería soportar el dolor de un acto de violencia tan sin sentido y horrible. Shahidul Islam entró ilegalmente a nuestro país después de ser deportado, cometió este crimen atroz y luego huyó a una ciudad santuario».
Aquí está el principio en juego. No es abstracto. Una mujer está muerta. Su asesino ya había sido expulsado del país. El sistema le dio una segunda oportunidad de estar aquí. Él la usó para matar. Las ciudades santuario no son política humanitaria: son obstáculos a la ley. Protegen a quienes el Estado ya identificó como peligro. El contribuyente paga el aparato. La víctima paga el precio real.
Que no te lo cuenten. El relato que presenta la deportación como crueldad y el santuario como compasión tiene nombre y apellido en este caso. Se llamaba Monica Islam.



