Miguel Díaz-Canel habló este sábado ante simpatizantes extranjeros. Lo hizo en un acto previo al 26 de julio, aniversario del fallido ataque al Cuartel Moncada en 1953. Los medios internacionales no tuvieron acceso.
El presidente cubano calificó la política de presión máxima de Estados Unidos como un «castigo colectivo» y un «crimen». Usó la palabra «sádico». Usó la palabra «perverso». El bloqueo petrolero y las oleadas de sanciones de las últimas semanas, dijo, buscan provocar un «estallido social» en la isla.
«Díganme si eso no es un castigo colectivo, un crimen, si no están condenando un pueblo con el propósito sádico, perverso, de buscar que esa asfixia económica provoque un estallido social», afirmó, según reportó la web de la Presidencia cubana.
Díaz-Canel también advirtió que Washington puede replicar esta presión en otros países. «Mañana le puede suceder a cualquier otra nación, si lo seguimos permitiendo», dijo. Llamó a la comunidad internacional a ser «solidaria» con Cuba. Enmarcó el apoyo al régimen como defensa de la autodeterminación y la soberanía.
El propio presidente reconoció el deterioro del sistema nacional de salud. Admitió que los apagones crónicos se han incrementado de forma notable por el bloqueo petrolero. Dijo que «la Cuba de hoy es un país distinto». Eso, al menos, es verdad.
Desde enero, Washington aplica una política de máxima presión sobre la isla. Naciones Unidas la ha tachado de contraria al derecho internacional. El gobierno estadounidense, a la vez, ha llamado a La Habana a negociar. Busca un cambio político y económico en el país.
Aquí el relato se complica para el régimen. Sesenta y seis años de revolución. Décadas de petróleo venezolano, de médicos exportados como moneda, de turismo subsidiado. Y el resultado es un sistema de salud en deterioro y apagones que el propio Díaz-Canel ya no puede ocultar.
Contrafuego lo dice claro: ninguna sanción externa construye un sistema de salud que se derrumba desde adentro. Ningún bloqueo apaga las luces de un país que nunca liberó su economía ni permitió la libre empresa. El régimen necesita un enemigo externo porque sin él solo queda rendir cuentas. Y eso, para la casta revolucionaria, es el verdadero estallido que temen.



