Miguel Díaz-Canel habló al amanecer del domingo en Pinar del Río. Lo hizo ante miles de simpatizantes del gobierno. El escenario: el 73° aniversario del asalto al Cuartel Moncada, la festividad más importante del calendario revolucionario cubano.
El mensaje fue directo. Díaz-Canel calificó la política de la administración Trump de «genocidio político». Dijo que Washington «busca un chivo expiatorio» para culpar a Cuba de las protestas internas en Estados Unidos. Comparó a los funcionarios del Departamento de Estado con «los redactores de edictos y bandos militares» de «las ocupaciones nazis en la Segunda Guerra Mundial».
También afirmó que «Cuba lidera hoy una batalla histórica contra los muros de una política genocida que se ha propuesto asfixiar a todo el pueblo para apropiarse del país». Y advirtió: «Antes fueron Gaza, Líbano e Irán. Hoy es Cuba. Mañana puede ser cualquier otra nación».
Lo que Díaz-Canel no explicó es por qué el transporte público está paralizado. Tampoco por qué el curso escolar se ha acortado por falta de combustible. Ni por qué empresas internacionales de los sectores turístico y financiero han abandonado la isla. Washington atribuye la crisis a la mala gestión económica del gobierno cubano y a la falta de inversión en infraestructuras obsoletas.
Durante la última semana, Estados Unidos anunció nuevas sanciones contra entidades y funcionarios vinculados al régimen. El embargo petrolero y la ampliación de sanciones han agravado la peor crisis económica que ha sufrido Cuba en décadas. Apagones rotativos y múltiples colapsos de la red eléctrica a nivel nacional son el resultado visible.
El acto tuvo además una ausencia inusual. Raúl Castro, de 95 años, no estuvo presente. Díaz-Canel leyó un mensaje en su nombre pero no explicó el motivo. No hay registros de inasistencias del líder a esta ceremonia en al menos las últimas tres décadas.
Que no te lo cuenten. Un dictador que recorta el año escolar por falta de combustible no tiene autoridad moral para hablar de genocidio. Setenta y tres años de revolución dejaron apagones, éxodo masivo y una economía que no funciona sin subsidios externos. El relato se cayó solo. La retórica de Díaz-Canel no es un argumento político: es la cortina de humo de un régimen que le falló a su propio pueblo y necesita un villano externo para sobrevivir otro año más.



