La cocina es una de las estancias más caras de renovar. Y el color de sus armarios puede ser la diferencia entre una oferta rápida y meses de espera. Varios diseñadores consultados por Homes and Gardens coinciden en que ciertos tonos no solo envejecen el espacio: directamente espantan compradores.
El blanco puro ya no vende lo que vendía
Corinne Ekle, de C2 Design, advierte que la combinación de blanco puro con herrajes negros fue muy popular durante la última década, pero su repetición puede hacer que una vivienda se sienta menos actual de cara a 2026. La diseñadora recomienda virar hacia paletas inspiradas en la naturaleza: blancos cálidos, tonos seta, verdes oliva apagados y acabados de nogal natural o roble claro. Los herrajes en latón sin lacar, bronce o níquel cálido, señala, aportan profundidad al conjunto.
El verde eléctrico: una apuesta que el comprador paga
Lauren Saab, de Saab Studios, es directa: cubrir todos los armarios con un verde eléctrico convierte la cocina en un proyecto de reforma ajeno. Cuando un tono muy saturado domina toda la estancia, los compradores también ven el costo y la molestia de cambiarlo. La alternativa que propone es el verde oliva más suave, que conserva personalidad pero encaja con una gama más amplia de mesadas, herrajes y suelos.
El gris frío: el fantasma de los 2010
Miranda Cullen, fundadora de Inside Stories, señala que el gris frío con base azul es uno de los tonos que conviene mirar con cautela si la vivienda va a salir al mercado. Cuando se combina con otros elementos grises —pisos, mesadas, salpicaderos— la cocina resulta fría e impersonal. Esa percepción, advierte, puede llevar a los compradores a pensar que el espacio necesita actualización aunque sea relativamente nuevo. Su recomendación: taupé con subtonos cálidos, que aprovecha la luz natural y aporta una sensación vivida.
Las paletas divisivas: carbón, neón, rojo y púrpura
Steven Cooper, de Cooper Pacific, amplía el diagnóstico: los colores demasiado marcados por la moda o muy polarizantes perjudican el valor a largo plazo de una vivienda. Entre esos tonos menciona el carbón muy oscuro, los colores neón, los rojos brillantes y los púrpuras intensos. La alternativa son neutros cálidos, maderas naturales y tierras suaves.
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El mensaje es tan viejo como el libre mercado: quien paga decide. El comprador no está obligado a heredar las preferencias estéticas del vendedor, y cada tono polarizante se traduce en poder de negociación para el que firma el cheque. La cocina no es una declaración ideológica; es un activo. Tratarla como lienzo de tendencias pasajeras es, simplemente, destruir valor propio. Que no te lo cuenten.

