Don Davis, representante demócrata por el 1.er distrito de North Carolina, lanzó la semana pasada un anuncio de campaña en el que respalda las restricciones estatales para atletas transgénero. Lo hizo mientras los republicanos saturan el aire con ese tema, que la nota describe como electoralmente tóxico para la izquierda.
«Pasé mi infancia en campos como este y jugué fútbol americano en la Academia de la Fuerza Aérea», dijo Davis en el anuncio, grabado sobre un campo de fútbol americano. «La competencia justa estaba en el centro de esos juegos, pero seamos honestos: hay verdaderas preocupaciones sobre la equidad y la seguridad».
El spot busca apuntalar a Davis, a quien Cook Political Report describió como «sin lugar a dudas, el demócrata de la Cámara más vulnerable del país». En el anuncio, Davis añade: «Por eso creo que los estados deberían decidir qué es lo correcto para proteger a mujeres y niñas, y North Carolina ya decidió». Luego remata: «Siempre debe haber un espacio seguro y justo para mujeres y niñas en los deportes».
El giro llama la atención porque Davis no votó a favor de la «Protection of Women and Girls in Sports Act» cuando llegó a la Cámara en 2023 y en 2025. La legislación federal buscaba enmendar el Título IX para definir el sexo únicamente por la biología reproductiva y la genética al nacer. En abril de 2023, Davis no votó cuando la medida pasó 219-203. Dos años después, votó «presente» en la versión de 2025, aprobada 218-206.
La misma nota recuerda que Davis también fue copatrocinador original de la Equality Act en 2023, una propuesta que, según The Washington Post, haría ilegal diferenciar entre niñas y mujeres en los deportes por motivos de sexo.
Ahora intenta corregir el rumbo frente a Laurie Buckhout, en una revancha más competitiva tras el rediseño del distrito, que pasó de estar casi empatado a dar una ventaja R+8. Que no te lo cuenten: aquí no hay una conversión repentina por convicción, sino un cálculo político con el escaño en la mira.
El problema de fondo es la hipocresía. La casta electoral puede cambiar de tono cuando aprieta la campaña, pero los votantes sí recuerdan quién evitó el voto, quién se abstuvo y quién sostuvo la burocracia ideológica cuando no había cámaras encima. El relato se cayó solo. Otra vez la doble vara.


