Alaska tiene dos Dan Sullivan en la papeleta para el Senado federal, y eso le está quitando el sueño al Partido Republicano.
Por un lado está el actual senador, Dan S. Sullivan, republicano en ejercicio. Por el otro, Daniel J. Sullivan, maestro retirado de primaria y secundaria residente en Petersburg, una comunidad insular de unos 3.000 habitantes del sudeste del estado, accesible solo por aire o por agua. Según AP, el Partido Republicano de Alaska acusó al segundo de ser un «candidato falso» diseñado para confundir al electorado y favorecer a Mary Peltola, la principal aspirante demócrata al escaño. Tanto Daniel J. Sullivan como la campaña de Peltola negaron cualquier coordinación.
La Corte Suprema de Alaska ordenó incluir a Daniel J. Sullivan en la boleta, pese a que la vicegobernadora Nancy Dahlstrom había anunciado una investigación sobre su postulación alegando acusaciones «creíbles» de que actuaba en coordinación con otra campaña para «manipular a los votantes».
El contexto importa. Según NBC News, los demócratas aspiran a conquistar cuatro escaños en el Senado y ven en Peltola una candidata competitiva, incluso en un estado donde Donald Trump obtuvo una victoria de 13 puntos en 2024. Un voto dividido entre dos Sullivan podría ser el margen que necesita la izquierda.
En Petersburg, sin embargo, la narrativa del operador político no convence a nadie. Orin Pierson, editor del periódico local Petersburg Pilot, señaló que «hay que hacer un gran esfuerzo mental para dejar de respetar a Dan Sullivan de repente, porque sinceramente es una persona íntegra». Jeigh Stanton Gregor, miembro de la asamblea del distrito y excompañero de trabajo del candidato, describió su carácter como «intachable».
El propio Daniel J. Sullivan explicó sus motivos: malestar con el senador titular, al que considera poco receptivo con sus votantes; preocupación por las políticas arancelarias de Trump y su efecto sobre el costo de vida en Alaska; y críticas a la financiación para salud rural aprobada el año pasado, que a su juicio no resuelve las necesidades inmediatas de las comunidades pequeñas. También quería que el senador se sumara a Lisa Murkowski para cuestionar un fondo de compensación propuesto por la administración Trump relacionado con participantes en los eventos del 6 de enero de 2021.
Incluso Grace Wolf, residente que valora la gestión del senador titular y lo considera fiscalmente responsable, declaró que esta vez planea votar por Daniel J. Sullivan, a quien conoce como «Mr. Sullivan», argumentando que los funcionarios locales comprenden mejor los desafíos de la zona.
El relato del «candidato trampa» puede ser cierto o puede ser la reacción de una maquinaria partidaria que no tolera la competencia interna. Lo que sí es cierto es que el aparato republicano enfrenta aquí una paradoja clásica: cuando el partido se vuelve tan cerrado que un maestro retirado con cinco décadas en el estado necesita postularse como outsider para ser escuchado, el problema no empieza en la boleta.
El libre mercado de las ideas —y de los votos— tiene esa virtud incómoda: no pide permiso. Si Dan S. Sullivan pierde Alaska porque otro Sullivan le quitó votos, la pregunta no es solo sobre tácticas demócratas. Es sobre si el senador supo leer a su propio electorado.



