Los Socialistas Democráticos de América (DSA) acaban de presentar su visión de gobierno bajo el nombre «Workers Deserve More». Entre sus tres pilares principales figura una propuesta que sacude los cimientos del sistema político estadounidense: abolir el Senado y sustituirlo por una Cámara de Representantes ampliada con múltiples partidos, con el objetivo declarado de eliminar el sistema bipartidista que ha dominado la política americana por más de dos siglos.
La respuesta republicana no se hizo esperar. El senador Rick Scott, de Florida, fue directo con Fox News Digital: «El Senado existe para que todos los estados estén representados. Los Padres Fundadores fueron bastante inteligentes». Scott calificó la propuesta de «bastante repugnante».
Y tiene razón en señalar el punto constitucional. Mientras el número de representantes en la Cámara depende de la población de cada estado, el Senado es el gran ecualizador: cada estado, sin importar su tamaño o demografía, recibe dos senadores. Eliminar esa cámara no es una reforma; es desmantelar el pacto federal que hace posible la unión de cincuenta estados con realidades muy distintas.
El avance del DSA en este ciclo electoral ha sido real. Candidatos respaldados por la organización derrotaron a incumbentes demócratas de larga data en Nueva York y Colorado. En Michigan, el candidato Abdul El-Sayed compite por la nominación demócrata al Senado con el respaldo explícito del senador Bernie Sanders y la representante Alexandria Ocasio-Cortez, aunque el DSA no lo ha endosado formalmente. El propio El-Sayed ha asistido a eventos organizados por la agrupación.
La ola progresista, por ahora, se concentra en la Cámara Baja. Pero la propuesta de abolir el Senado ya circula entre los cuadros del DSA como parte de su programa oficial.
Que no te lo cuenten. Lo que el DSA llama «más representación» es, en los hechos, la eliminación del único mecanismo que impide que los estados más poblados dicten las reglas para todos los demás. Un Congreso unicameral con múltiples partidos de izquierda no es pluralismo: es concentración de poder disfrazada de reforma. El aparato estatal que sueña el DSA no necesita dictadura formal para funcionar como una; le basta con barrer las instituciones que frenan las mayorías circunstanciales. Los contribuyentes, los propietarios y las minorías estatales serían los primeros en pagarlo.



