Ed Sheeran apareció visiblemente afectado en Filadelfia y pidió disculpas ante el público por haber ofendido a fans que lo venían criticando desde hace una semana. Dijo que había vivido «una de las peores semanas» de su vida.
El cantante explicó que nunca quiso ser un músico activista, pero que terminó en medio de «un importante y apasionado debate sobre la libertad de expresión» y sobre «el tema político más complejo del planeta». Mientras hablaba, afuera del recinto se concentraban manifestantes antiisraelíes.
Sheeran sostuvo que su música y sus shows buscan «unidad, no división», y «humanidad, no política». También dijo que lo ocurrido en Israel y en el festival musical del 7 de octubre fue «horrible» y que «ha devastado siglos de dolor judío».
A la vez, calificó lo que ocurre en Gaza como «catastrófico, injustificable y desproporcionado». Agregó que le duele la magnitud de la destrucción, la pérdida de civiles y la muerte de niños. Además, mencionó que la «injusticia sistémica» en Cisjordania no puede ignorarse.
Más adelante, el cantante dijo que está preocupado por la idea de que los recintos deban aprobar antes el contenido de una presentación. Sostuvo que eso no debería pasar «en el mundo libre».
Sheeran confirmó que no cancelará el resto de la gira. Dijo que cumplir con sus fans es «central» para él. También afirmó que, si la gira termina, «el amor no gana».
El episodio llegó después de que Macklemore fuera retirado del resto de la gira de Sheeran en Estados Unidos, tras sus comentarios antiisraelíes en el escenario. Macklemore respondió culpando a Robert Kraft y sugiriendo que Sheeran fue un cobarde por no defenderlo.
Aquí hay una lección incómoda para cualquiera que todavía crea en la libertad de expresión: cuando la presión militante dicta quién canta y quién calla, gana la censura. Y pierde el público, que termina atrapado entre la burocracia del miedo y la hipocresía de quienes dicen defender la inclusión mientras exigen silenciar a otros.
Otra vez la doble vara. El debate ya no es solo sobre un concierto. Es sobre si el espectáculo, la cultura y la palabra libre van a seguir siendo un espacio abierto o si quedarán sometidos al veto de la turba más ruidosa.



