Seis patrulleras de respuesta rápida de 154 pies de eslora —antes apostadas en Bahréin— operan ahora desde Singapur y la base de Subic Bay en la isla de Luzón, Filipinas. Es la primera vez que los guardacostas menores de EE.UU. utilizan ese emplazamiento, según reportó The Wall Street Journal.
La autorización para operar en ambas ubicaciones se extiende al menos hasta septiembre. El mando y la logística se gestionan desde Singapur, mientras los buques rotan por Subic Bay. La reubicación forma parte del rediseñado Expeditionary Cutter Squadron, una unidad concebida para desplegarse en cualquier punto del planeta.
El traslado no es cosmético. Los guardacostas fueron sacados de Bahréin precisamente porque carecen de sistemas de defensa antimisiles, en un momento en que las hostilidades con Irán escalaron. Ahora su misión es otra: respaldar al Mando del Pacífico de EE.UU., que supervisa operaciones en un área que abarca aproximadamente la mitad de la superficie terrestre.
El contexto lo explica todo. China ha apostado por su guardia costera como brazo ejecutor de sus reclamaciones territoriales en el Mar del Sur de China. Buques chinos han interceptado embarcaciones filipinas que intentaban alcanzar puestos militares y caladeros, usando en ocasiones cañones de agua para obligarlas a retirarse. Beijing opera además una milicia marítima compuesta en parte por pesqueros que, según los reportes, ejecutan misiones para el régimen.
Frente a eso, EE.UU. despliega un activo que tiene una ventaja diplomática concreta: el perfil civil de la guardia costera —con competencias en seguridad marítima, aplicación de la ley y rescate— la convierte en un socio más aceptable para países reacios a albergar presencia militar abierta, como Vietnam o varias naciones insulares del Pacífico.
«La Guardia Costera es una forma de mantener presencia estadounidense cuando la Marina claramente tiene mucha demanda en el Estrecho de Ormuz y Oriente Medio», señaló Euan Graham, investigador del Australian Strategic Policy Institute, al Journal.
El cuerpo no llega en su mejor momento interno: enfrenta buques envejecidos, retrasos en la producción de nuevas unidades y escasez de personal. Su estrategia Force Design 2028 contempla aumentar la dotación en 15.000 efectivos sobre los aproximadamente 46.000 activos y de reserva que tenía en 2024. El reclutamiento en 2025 alcanzó su nivel más alto en décadas, y el Congreso autorizó alrededor de 25.000 millones de dólares para nuevos buques, aeronaves e inversiones.
Eso es exactamente lo que debería hacer una potencia seria. Mientras el progresismo institucional debatía pronombres en las fuerzas armadas, la competencia estratégica con Beijing no esperó. El despliegue en el Indo-Pacífico es una señal de que Washington retoma la iniciativa: presencia real, alianzas concretas y disuasión sin disculpas. Que no te lo cuenten.



