Estados Unidos volvió a marcar la cancha sobre Venezuela. Tommy Pigott, portavoz del Departamento de Estado, dijo que la salida política no puede limitarse a celebrar elecciones. Según explicó, la meta de Washington es una «república duradera».
Pigott sostuvo que la estrategia estadounidense para Venezuela tiene tres etapas: «estabilidad, recuperación y transición». En esa última fase entra la convocatoria de elecciones, pero dentro de un proceso más amplio de reconstrucción institucional.
«Esa transición incluye elecciones», respondió al ser consultado sobre la posición oficial de Estados Unidos. Pero enseguida dejó claro el punto central: «No queremos ver solo una elección, queremos ver una república duradera».
Para Pigott, Venezuela necesita garantías para contar los votos de manera confiable, partidos opositores con capacidad de organizarse y medios de comunicación libres. Dijo que esas condiciones son necesarias para que haya competencia política transparente y continuidad democrática.
El portavoz también mencionó conversaciones entre representantes de la Asamblea Nacional electa en 2015 y sectores del gobierno interino. Según su planteamiento, esos contactos buscan abrir camino hacia un escenario electoral.
En paralelo, Pigott habló del acuerdo petrolero anunciado entre Washington y Venezuela. Describió el entendimiento como una fórmula de «ganar-ganar». También aseguró que los campos petroleros que, según la versión estadounidense, estaban bajo el control de Nicolás Maduro y sus aliados —entre ellos Irán, China y Rusia— pasarían a generar recursos destinados directamente a la población venezolana.
Además, respaldó la privatización de los campos petroleros como una vía para aumentar la producción y ampliar las reservas de crudo disponibles para Estados Unidos. Según planteó, ese aumento de oferta podría ayudar a mantener bajos los precios de la gasolina en el mercado estadounidense.
La lectura es clara. Washington no está hablando solo de papeletas, sino de poder real, instituciones y control de recursos. En otras palabras: sin reglas, sin oposición libre y sin prensa sin censura, la elección sola no arregla nada.
Otra vez la doble vara. El discurso estadounidense combina democracia con petróleo, transición con negocio y libertad política con interés energético. Que no te lo cuenten: cuando el Estado controla todo, la gente paga la factura. Y cuando se habla de privatizar para producir más, el mercado vuelve a mostrar por qué importa más que la propaganda.


