El dato es real. El 48% de los adultos de la Generación Z afirma que el apoyo cristiano al presidente Donald Trump los hace menos propensos a asistir a la iglesia. Así lo revela una encuesta del Billy Graham Center Research Institute. La muestra incluyó 2.365 jóvenes de entre 18 y 28 años. La investigación fue liderada por Rick Richardson, de Wheaton College.
El número suena contundente. Pero hay contexto que el relato progresista prefiere ignorar.
El politólogo Ryan Burge, quien destacó los datos, advierte que los resultados «están condicionados por algunas variables». Los jóvenes tienden a inclinarse más hacia la izquierda. Y una porción significativa de la Generación Z ya no tenía afiliación religiosa antes de la pregunta. Es decir: muchos de los que dicen que Trump los aleja de la iglesia tampoco iban antes.
La fractura es, ante todo, partidista. Entre los demócratas de la Generación Z, el 67% dijo estar de acuerdo en que la alianza cristiana con Trump los desanima. Entre los independientes, menos de la mitad compartió esa visión. Los republicanos jóvenes, en cambio, rompieron en dirección opuesta: el 74% dijo estar en desacuerdo.
Los ateos de la Generación Z lideran el rechazo. El 72% señaló que el apoyo cristiano a Trump los hace menos propensos a ir a una iglesia. Los agnósticos llegaron al 65%. Los protestantes jóvenes fueron el grupo menos afectado por ese factor.
Incluso entre jóvenes que se identifican como cristianos hay fisuras. El 44% de quienes se definen genéricamente como «cristianos» y el 42% de los católicos dijeron sentirse alejados por la alianza Trump-iglesia. Entre los protestantes, la cifra bajó al 30%.
El peso electoral del voto evangélico blanco es un hecho documentado. En 2024, Trump obtuvo el 82% de ese voto, según encuestas de salida. Los católicos también se inclinaron por él: cerca del 60% lo respaldó, después de haber apoyado por estrecho margen a Joe Biden en 2020.
Ahora bien: el relato del colapso religioso tiene un problema serio. Gallup registró que el 42% de los hombres de entre 18 y 29 años dice que la religión es «muy importante» en su vida. Hace dos años esa cifra era del 28%. Un salto de 14 puntos. El mayor registrado en cualquier grupo demográfico en la historia reciente del sondeo.
El vicepresidente JD Vance lo interpretó como una derrota de la clase experta. «Los expertos dijeron que la religión y la fe estaban muriendo», declaró. «Hoy, una ola de jóvenes estadounidenses está volviendo a los bancos de la iglesia». Un sondeo de Pew Research de mayo mostró que el 37% de los adultos estadounidenses cree que la religión está ganando influencia. El porcentaje más alto desde 2002.
Lo que la encuesta revela no es tanto una crisis de fe como una crisis de politización. Cuando la iglesia se convierte en campo de batalla electoral, pierde a quienes buscan algo distinto al ruido partidista. Eso debería preocupar a todos los que valoran la fe como ancla cultural. El Estado no construye comunidad. La familia y la iglesia sí. Debilitarlas, por el motivo que sea, siempre tiene un costo.



