El 25 de junio, una semana después de que Estados Unidos e Irán firmaran un acuerdo preliminar de cese al fuego, un dron iraní se estrelló contra un buque de carga en el estrecho de Ormuz. Ese solo ataque bastó para desencadenar una cadena de hostilidades que devolvió a ambas potencias a una guerra total en menos de un mes.
El detonante fue la disputa sobre una ruta alternativa en el estrecho supervisada por el Ejército estadounidense. Irán había advertido que ninguna embarcación la usara. Washington y otros países sostienen que el estrecho debe permanecer abierto con libre tránsito, como antes del conflicto iniciado el 28 de febrero con el ataque sorpresa de Estados Unidos e Israel. Teherán, en cambio, reivindica el derecho a controlar el paso y considera esa ruta alternativa una violación del pacto.
Lo que siguió fue una espiral de ataques y contraataques. Washington golpeó emplazamientos de misiles, drones y radares costeros. Irán respondió atacando un petrolero y luego alcanzó con misiles Kuwait y Baréin, ambos con presencia de tropas estadounidenses. Delegaciones de ambas partes viajaron a Qatar para mediar, pero sin conversaciones directas.
El funeral del ayatolá Ali Jamenei —muerto en los primeros días de la guerra— avivó la tensión: multitudes en Irán exigieron venganza contra Donald Trump. Días después, Irán atacó tres embarcaciones en el estrecho. Estados Unidos respondió con una oleada de bombardeos contra sistemas antiaéreos, radares y más de 60 embarcaciones pequeñas de la Guardia Revolucionaria.
La Casa Blanca también revocó la exención que permitía a Irán vender petróleo en mercados internacionales a cambio de dólares, medida que había sido parte del acuerdo provisional. Irán amplió sus represalias e incluyó a Qatar, el propio país mediador. Los combates escalaron hacia el norte de Irán: Estados Unidos bombardeó puentes, centrales eléctricas y una torre de vigilancia marítima en uno de los principales puertos del país. Teherán informó que desde la reanudación de las hostilidades murieron al menos 50 personas y más de 500 resultaron heridas. Irán respondió atacando una planta desalinizadora en Kuwait.
Trump envió señales contradictorias: advirtió que «si vuelve a ocurrir, ¡será mucho peor!», pero también sugirió que «cualquier cosa que ocurra va a ocurrir muy rápido» y que su ejército podría «simplemente terminar el trabajo». El estrecho de Ormuz, por donde en tiempos de paz transita una quinta parte del petróleo y el gas que se comercializa en el mundo, permanece en disputa.
El relato se cayó solo. Un acuerdo que se vendió como el principio de la paz en Oriente Medio colapsó porque ninguna de las partes cedió en el punto central: quién manda en Ormuz. El libre tránsito marítimo no es un capricho geopolítico; es la columna vertebral del comercio energético global. Cada barco que no pasa es un costo real para consumidores y economías que no tienen voto en esta disputa. La pregunta que Contrafuego pone sobre la mesa es sencilla: ¿cuánto vale un acuerdo que no resuelve la cuestión de fondo? La respuesta, al parecer, es menos de treinta días.



