Mientras el Congreso discute la agenda de las próximas semanas, el agro intenta colarse entre los temas que sí mueven la aguja y los que, por ahora, quedaron fuera del radar. El dato central es simple: hay movimiento, pero no hay una definición política clara para los temas de fondo.
Esta semana se firmó dictamen en Diputados sobre vandalismo rural. La iniciativa apunta a la rotura intencional de silobolsas, la destrucción de cultivos, herramientas y otros ataques por el ingreso a la propiedad privada. Si llega a una posible sesión el 21 de octubre, podría buscar media sanción en Diputados.
También aparece la posibilidad de avanzar con el nuevo marco para biocombustibles, que ya tiene media sanción en el Senado. Pero todavía debe pasar por comisiones y, según fuentes con acceso al Congreso, haría falta un empujón de algunos gobernadores para que también avance en Diputados.
Del otro lado, los temas que más pesan para el sector siguen atascados. El proyecto de presupuestos mínimos de protección ambiental para la aplicación de productos fitosanitarios hoy no tiene lugar. Incluso hay quienes consideran que el Poder Ejecutivo no lo ve prioritario.
En semillas y propiedad intelectual, después de la última reunión entre la Asociación de Semilleros Argentinos, las entidades del campo y autoridades oficiales, la pelota quedó del lado del Gobierno. Los funcionarios escucharon a las partes y ahora tienen que presentar una iniciativa propia. En el medio está el acuerdo con los Estados Unidos para enviar al Congreso el pedido de adhesión a UPOV-91.
Pero en el Congreso, por ahora, semillas no aparece en la agenda. En una reunión con presidentes de distintas comisiones se consultó por las prioridades y esa cuestión todavía no figura para ser tratada. Si el Poder Ejecutivo insiste y manda una señal desde la Casa Rosada, podría cambiar. Hoy, no.
Con las retenciones pasa algo parecido. Todos saben que es un tema trascendental para el campo, pero en el Congreso la decisión es no acelerar. Se advierte que no están los votos para algo de ese nivel y que empujar ese debate puede desgastar el tratamiento de otras iniciativas.
El Gobierno, mientras tanto, concentra su energía en el presupuesto 2027, la carta orgánica del Banco Central, las PASO y el intento de salvar el DNU 70/2023. Todo lo demás queda en fila. Otra vez la doble vara: para el productor, urgencia discursiva; para el aparato estatal, postergación práctica.
Que no te lo cuenten. Cuando el Congreso no pone en agenda lo que afecta la propiedad privada, la inversión y la previsibilidad del agro, no hay neutralidad: hay costo para el campo y premio para la burocracia. El relato se cae solo cuando los temas verdaderamente importantes quedan esperando turno.


