La Comisión Nacional de Planificación de la Capital dio el jueves su aprobación preliminar al arco monumental de Trump. El voto final llegará probablemente en septiembre. Pero la pregunta que nadie ha resuelto sigue en pie: ¿a qué altura se construirá?
Trump quiere 250 pies. El monumento se ubicaría en el círculo de tráfico entre el Cementerio Nacional de Arlington y el Puente Memorial de Arlington. Si se construye a esa altura, bloquearía la línea de visión entre el Memorial Lincoln y el lugar donde descansan los soldados de la nación.
El personal de la comisión propuso una salida intermedia. Fijar el arco en 130 pies —el límite que impone la Ley de Altura de Edificios de 1910— y ampliar las estatuas de la cima hasta completar los 250. El argumento: las estatuas son ornamento arquitectónico, no estructura. Por tanto, no cuentan para el límite legal.
El presidente de la comisión, Will Scharf, designado directamente por Trump, rechazó esa solución. Pidió al Departamento del Interior un argumento formal de por qué la ley no aplica al gobierno federal. «Esos materiales ofrecen lo que considero un argumento convincente de que la Ley de Altura de Edificios no es aplicable al gobierno federal», dijo según la fuente.
La comisión postergó la decisión sobre la altura. En la reunión futura también debatirá si la ley de 1910 aplica a construcciones federales. Si resuelve que no aplica, Trump tendría carta blanca para levantar cualquier edificio gubernamental a la altura que desee.
El arco se suma a otros proyectos ya en marcha. La comisión aprobó antes el salón de baile que reemplazará el Ala Este. Trump también trabaja en un campo de golf en Washington y ha realizado cambios en la Casa Blanca, el estanque reflectante y Lafayette Park.
Los comentarios públicos del jueves fueron mayoritariamente en contra. Una veterana del Ejército que califica para ser enterrada en Arlington advirtió que la construcción podría durar hasta tres años, veinte horas al día, con grúas más altas que el arco. «Arlington entierra a sus muertos cerca de treinta veces al día», dijo según la fuente. «Las familias bajarían a sus seres queridos al sonido de martillos pilotadores». Scharf reconoció la preocupación y pidió al equipo del proyecto buscar soluciones.
Otro veterano cuestionó el costo estimado de mil millones de dólares. «Si quieres apoyar a los veteranos, pon el dinero donde se necesita, no en un objeto», dijo según la fuente.
Aquí está el nudo real. Un memorial que cuesta mil millones de dólares del contribuyente, construido sobre una interpretación jurídica que el propio gobierno se está fabricando a medida. El principio en juego no es estético: es si el aparato federal puede reescribir las reglas que lo limitan cada vez que un proyecto le resulta inconveniente. Esa es una pregunta que va mucho más allá de un arco en Washington.



