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El aula también es frente de batalla: la ADL documenta adoctrinamiento antisemita dentro de las clases universitarias

Un informe de la Liga Antidifamación revela que el problema va mucho más allá de las carpas de protesta. Profesores y asistentes de cátedra llevan el activismo anti-Israel directo al salón de clases.
Imagen ilustrativa
jueves 13 de agosto de 2026

El foco estuvo en las protestas. En las carpas, en los encapuchados, en los videos virales. Pero la Anti-Defamation League acaba de señalar otro frente. Uno más silencioso y más difícil de fiscalizar.

Un nuevo informe de la ADL documenta alegaciones de profesores y asistentes de enseñanza que inyectan activismo anti-Israel en sus cursos. El mecanismo es variado. Lecturas obligatorias con sesgo político. Clases canceladas para que los estudiantes asistan a protestas. Y, en algunos casos, crédito académico extra por participar en eventos anti-Israel.

La ADL lo dice sin rodeos: todo esto ocurre en la «opacidad relativa de los espacios académicos». Nadie graba. Nadie transmite en vivo. La burocracia universitaria mira hacia otro lado.

Los números respaldan la alarma. En enero de 2025, la ADL publicó un reporte conjunto con Hillel International y College Pulse. El dato central: el 27,3% de los estudiantes judíos reportó haber observado conducta antisemita por parte de profesores. El mismo informe señala que la exposición a retórica antisemita de parte del cuerpo docente se asocia con una percepción más alta de ambiente hostil en el campus.

Los casos concretos apuntan al sistema de la Universidad de California. Según la ADL, en un curso de UC Berkeley se habría ofrecido crédito extra por asistir a una serie de eventos titulada «Thinking from Palestine: Dispossession, Liberation, and Return». El asistente del vicecanciller Dan Mogulof respondió a Fox News Digital que la escuela «no tiene registro de que se haya ofrecido crédito extra para asistir a la conferencia en cuestión».

No es el único caso en Berkeley. En octubre de 2023, semanas después de los ataques de Hamás, una asistente de enseñanza ofreció crédito extra por participar en una huelga que ella misma describió como «contra la ocupación colonial de Gaza». El correo se viralizó. La universidad respondió citando una política que prohíbe el adoctrinamiento político en el campus.

En UCLA, la ADL reportó que otro asistente de enseñanza habría invitado a los estudiantes a obtener crédito extra asistiendo a un «Emergency Teach-in on the Crisis in Palestine», también en octubre de 2023.

El relato de «solo son estudiantes protestando» se cayó solo. Esto es el aparato académico en acción. Profesores con poder de calificación. Asistentes con acceso directo a los alumnos. Incentivos concretos para moldear opinión política dentro del aula.

Contrafuego lo dice claro: cuando el Estado financia universidades y esas universidades usan el salón de clases para adoctrinar, el contribuyente está pagando su propio lavado de cerebro. El principio en juego no es solo la seguridad de los estudiantes judíos. Es la integridad del espacio académico como lugar de pensamiento libre. Cuando el crédito académico se convierte en moneda de activismo, la universidad deja de ser universidad. Se convierte en aparato.

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