Francisco Pérez Mackenna lleva poco tiempo al frente de la Cancillería chilena y ya enfrenta su examen más difícil: lograr que Washington amplíe la lista de productos chilenos exentos del arancel del 12,5% que hoy afecta a cerca del 40% de la canasta exportadora del país.
La estrategia no es confrontacional. El canciller ha sostenido conversaciones con el secretario de Estado Marco Rubio y el subsecretario Christopher Landau, y abrió una interlocución directa con el jefe de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR), Jamieson Greer. Según la fuente, fue precisamente en esas conversaciones con Greer donde se abrió la posibilidad de discutir la ampliación de la lista de exentos al alero del Tratado de Libre Comercio vigente desde 2003. La estrategia de Cancillería es esa: más productos exentos, no modificar la política arancelaria global de Trump.
El diagnóstico de la administración Kast es que los aranceles de Trump responden a una estrategia global de protección de la industria estadounidense, no a una medida dirigida específicamente contra Chile. Eso acota el margen de maniobra, pero también lo clarifica: EE.UU. puede estar dispuesto a discutir la lista, pero no a revisar su estrategia general.
La vara es alta por razones políticas concretas. La actual administración de Kast, cuando estaba en la oposición, cuestionó al gobierno de Gabriel Boric por su manejo de la relación con Trump y por las señales que, a su juicio, contribuyeron a la primera alza arancelaria del 10%. Ahora le toca demostrar que el cambio de gobierno implica una gestión distinta.
El ambiente interno tampoco es del todo tranquilo. El embajador estadounidense Brandon Judd criticó públicamente que los ministros Fernando Barros y Jaime Campos hicieran «comentarios provocativos que socaven la habilidad de sus colegas de negociar», según declaraciones recogidas por Radio Biobío. El episodio le costó un emplazamiento al sector desde el Senado.
A Pérez Mackenna también se le señalan flancos internos: falta de experiencia diplomática, tensiones menores con el Segundo Piso en nombramientos, y escasa interlocución directa con los presidentes de los partidos del oficialismo. Son ruidos, no crisis. Pero en diplomacia, los ruidos cuestan.
Aquí está el nudo de fondo. Chile tiene un TLC con Estados Unidos desde 2003 y un canciller que viene del mundo empresarial, con foco declarado en la agenda económica exterior. Si hay alguien con el perfil técnico para negociar una ampliación de exentos, es él. Pero el libre comercio no se defiende solo con buenas reuniones: se defiende con resultados medibles. La canasta exportadora chilena —y los empleos que dependen de ella— no puede esperar indefinidamente mientras se calibran «equilibrios» y se aprenden «códigos diplomáticos». Que no te lo cuenten: el test de Pérez Mackenna es, en el fondo, el test de si Chile sabe defender su economía abierta cuando el viento sopla en contra.



