Que no te lo cuenten.
Abdul El-Sayed, el médico demócrata que aspira al Senado por Michigan con un discurso de guerra a los ricos, acaba de revelar que él mismo pertenece al 1% de los contribuyentes más acaudalados de su estado. No es una acusación de campaña: está en su propia declaración fiscal parcial.
Según los registros divulgados, El-Sayed y su esposa reportaron 130.749 dólares en salarios, 262.299 dólares en ganancias de capital y 292.881 dólares en «ingresos adicionales», para un ingreso bruto ajustado de 675.246 dólares. El umbral para entrar al 1% más rico de Michigan es de 611.000 dólares, según Axios. El candidato lo supera con holgura.
La divulgación llegó tarde y llegó incompleta. El-Sayed resistió semanas la presión de su rival en la primaria demócrata, Haley Stevens, quien le exigió publicar sus impuestos antes de la votación del 4 de agosto. La excusa oficial: su esposa y su familia tienen propiedades en el extranjero y «conseguir todos esos formularios es una cosa», según recogió The Washington Free Beacon.
El mismo El-Sayed había descrito su declaración fiscal como «mundana» y «estándar». Más adelante admitió en una entrevista que probablemente es millonario, aunque aclaró que «su carrera nunca ha sido sobre maximizar el dinero». Las ganancias de capital, según su campaña, provienen de la venta de una casa que los suegros le compraron, de un podcast y de la consulta de psiquiatría de su esposa.
Y ahí aparece otra capa de hipocresía: la esposa de El-Sayed no acepta Medicare ni ningún otro seguro en su práctica de psiquiatría, Mind Work Psychiatry, según expuso The Washington Free Beacon. El problema es que «Medicare para Todos» es uno de los ejes centrales de la plataforma del candidato.
El-Sayed cuenta con el respaldo de Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez, Rashida Tlaib e Ilhan Omar, según The National Review. En su sitio web promete «una economía que funcione para todos» y pelear contra «los amigos billonarios de Trump». El ganador de la primaria enfrentará en noviembre al republicano Mike Rogers por el escaño del senador demócrata saliente Gary Peters.
El relato se cayó solo.
Esta historia no necesita adornos editoriales: un político que construye su identidad sobre la desigualdad económica resulta vivir exactamente en el estrato que dice combatir. Lo que está en juego no es solo la credibilidad de un candidato, sino el modelo completo del progresismo de élite: el que predica redistribución desde propiedades pagadas por los suegros y cobra consultas privadas mientras promete medicina pública para todos. El contribuyente de Michigan merece saber con quién está hablando antes del 4 de agosto.



