El relato se cayó solo.
Graham Platner, veterano de combate reconvertido en granjero de ostras y abanderado de la izquierda progresista en Maine, era hasta el lunes la gran apuesta demócrata para arrebatarle el Senado a los republicanos. Hoy es una bomba de fragmentación política que nadie quiere desactivar.
Según un informe de Politico, Jenny Racicot declaró al medio que en 2021 Platner se presentó en su domicilio «sin ser invitado» y la agredió sexualmente. «Recuerdo que me agarró la pelvis con mucha fuerza», dijo Racicot. «Recuerdo el momento exacto en que pensé: esto ya no es mi decisión.» Platner niega las acusaciones y las califica de falsas y políticamente motivadas.
La reacción dentro del partido fue inmediata y brutal. El senador Bernie Sanders, que hasta hace días defendía a Platner como alguien con «las agallas de plantarle cara a los grandes intereses del dinero», le recomendó públicamente que «se haga a un lado». El líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, y la senadora Kirsten Gillibrand calificaron las acusaciones de «increíblemente perturbadoras» y exigieron su «retirada inmediata». Los representantes Ro Khanna y Ruben Gallego retiraron sus respaldos. La plataforma de predicciones Kalshi elevó las probabilidades de que Platner abandone la carrera al 94%.
No es el primer escándalo. Platner ya había sido señalado por un tatuaje nazi, por enviar mensajes sexualmente explícitos a mujeres durante su matrimonio y por publicaciones en Reddit —borradas antes de lanzar su campaña— en las que, según EMILY's List, afirmaba que las víctimas de agresión sexual deberían «asumir algo de responsabilidad» y «actuar como adultos».
Si Platner retira su candidatura antes de las 5 p.m. del 13 de julio, el Partido Demócrata de Maine tendrá hasta el 27 de julio para designar a un sustituto. Entre los nombres que circulan están Troy Jackson, expresidente del Senado estatal; Shenna Bellows, secretaria de Estado que perdió frente a Collins en 2014 por 37 puntos; Jordan Wood, que perdió las primarias del segundo distrito congresional; y Nirav Shah, exdirector de los CDC y segundo en las primarias demócratas al gobierno estatal.
El problema de fondo para los demócratas es que Collins es una adversaria formidable. En 2020, las encuestas la daban por derrotada y ganó por nueve puntos. Busca ahora su sexto mandato de seis años.
Esto no es solo la caída de un candidato. Es el colapso de una estrategia construida sobre el activismo identitario y el populismo de izquierda, que ignoró señales de alerta documentadas para apostar por un perfil «auténtico» que resultó ser un pasivo electoral en toda regla. Los mismos progresistas que aplaudieron a Platner como voz del pueblo —Sanders incluido— ahora corren a desvincularse, como si sus respaldos hubieran sido escritos con tinta borrable.
La doble vara es tan evidente que duele: el partido que convirtió la «cultura de la cancelación» en arma política tuvo que esperar a una acusación de violación para retirar su apoyo a un hombre con un historial de señales rojas acumuladas. El escaño de Maine sigue siendo republicano. Y el relato, otra vez, se cayó solo.



