El Partido Demócrata de Maine no termina de salir del agua. Su candidato al Senado, Troy Jackson, reemplazó a Graham Platner después de que este se retirara de la contienda en medio de acusaciones de violación. Ahora, según registros genealógicos publicados por el periodista Steve Robinson, Jackson tiene dos hijos con Lana Pelletier, su segunda prima.
Los documentos muestran que ambos comparten los mismos bisabuelos: Thomas Pelletier y Edith Thibodeau. La hija de estos, Albertine Pelletier, fue la abuela de Jackson; su hijo, Louis Pelletier Sr., fue el abuelo de Lana. Eso los convierte en segundos primos. Jackson y Pelletier llevan juntos desde la secundaria y son padres de dos hijos adultos.
Que no te lo cuenten: la relación es completamente legal bajo la ley de Maine. El estado prohíbe el matrimonio entre primos en primer grado sin requisitos adicionales, pero no impone restricciones sobre los primos en segundo grado. Expertos en genética citados en el reporte señalan que las relaciones entre segundos primos no representan un aumento significativo en el riesgo de enfermedades hereditarias respecto a la población general.
Lo que sí llama la atención es el silencio. Ni la campaña de Jackson ni Pelletier han respondido públicamente a los reportes. Durante años, Jackson se refirió a ella simplemente como su «pareja», aunque algunas biografías oficiales más antiguas la llamaban su esposa. La pareja nunca se casó legalmente.
Jackson se ha construido una imagen política sobre su origen humilde en el rural Valle de St. John, presentándose como un leñador de quinta generación de Allagash que escaló por el sindicalismo hasta convertirse en presidente del Senado de Maine. Ahora enfrenta a la senadora republicana titular Susan Collins en una de las carreras más observadas del país, considerada clave para el control del Senado.
Los demócratas nacionales ven la carrera contra Collins —una de las senadoras republicanas más vulnerables— como una oportunidad de recuperar la mayoría en la cámara alta.
El relato se cayó solo. El partido que se vende como el de la transparencia y los «valores progresistas» lleva dos candidatos seguidos con escándalos de vida personal: uno retirado por acusaciones de violación, el otro ahora bajo el escrutinio de su historial familiar. La pregunta que nadie en el aparato demócrata quiere responder es sencilla: ¿cuánta diligencia aplicaron antes de nominar a estos candidatos, o simplemente apostaron a que nadie miraría con cuidado?



