El Centro Democrático de Colombia tiene un problema que ya no puede esconder bajo la alfombra. En una jornada denominada «Reflexión Unidad, Doctrina y Futuro», celebrada en Medellín, la exsenadora y excandidata presidencial Paloma Valencia lanzó una tesis que encendió la mecha: «Este no es un partido de derecha. Nosotros, realmente, lo que somos es uribistas».
Valencia fue más lejos. Según la fuente, afirmó que «el que cree que este es el partido de Hayek y de las libertades económicas, donde el Estado se queda cruzado de brazos y ve cómo se mueren de hambre los ciudadanos, está en el partido equivocado». Y añadió: «Mientras el mercado soluciona, vamos a ir actuando». Distanciamiento explícito de referentes como Javier Milei y Nayib Bukele incluido.
La respuesta llegó en minutos. María Fernanda Cabal, quien según las fuentes dedicó 15 años a construir el partido, no se mordió la lengua: «Oír ahora que el Centro Democrático 'no es de derecha' revela una catástrofe ideológica». Su diagnóstico fue quirúrgico: «Si el partido renuncia a las ideas que le dieron identidad, ¿qué queda? Una sigla, una burocracia y algunos dirigentes buscando dónde acomodarse».
Cabal reivindicó los pilares que, según ella, siempre definieron al partido: libertad, familia, seguridad, propiedad privada e iniciativa empresarial. «Ser de derecha no es una enfermedad que deba ocultarse», escribió. Y disparó contra la cobardía ideológica: «Quien se avergüenza de sus principios termina adoptando, por cobardía, los de sus adversarios».
La exsenadora también apuntó al fracaso estratégico de una derecha que cedió terreno cultural: «Ocupó sindicatos, universidades, colegios, organizaciones campesinas, movimientos sociales y espacios culturales. Mientras ella construía hegemonía, una derecha acomplejada se limitó a pedir permiso para opinar». Citó a Singapur, Suiza, Taiwán y Corea del Sur como ejemplos de prosperidad anclada en seguridad jurídica y mercados abiertos.
Ante este escenario, Cabal anunció la creación de la fundación Escuela Libertad para articular una «Nueva Derecha sin complejos» e invitó a las bases del Centro Democrático, así como a figuras como Daniel Briceño, Andrés Forero y Hernán Cadavid, a sumarse al proyecto bajo el nombre «Guardianes de la Libertad».
Que no te lo cuenten. Lo que ocurre en el Centro Democrático no es una disputa de egos: es la misma batalla que la derecha libra en toda América Latina. Cuando un partido que nació defendiendo la libre empresa y la propiedad privada empieza a justificar la intervención estatal como virtud, no se está adaptando al centro, se está rindiendo. El relato se cayó solo: si el Estado «actúa mientras el mercado soluciona», lo que tienes es petrismo con mejor peinado. Cabal lo nombra con precisión. Ahora la pregunta es si las bases están dispuestas a escucharla.



