La elección de Honorio Henríquez como presidente del Senado de Colombia para el periodo 2026-2027 no fue una sorpresa táctica: fue, según información revelada por el programa digital Vélez por la Mañana, el resultado de un acuerdo sellado horas antes en un grupo de WhatsApp.
El mensaje es contundente. Gabriel Vallejo, director del Centro Democrático, habría escrito en el grupo privado de senadores y representantes del partido: «Urgente todos. Por favor no meterse con Petro. No gritar nada, no decir nada. La victoria está en nuestras manos». La orden, según fuentes citadas por ese medio, fue enviada minutos antes de la intervención del presidente Gustavo Petro en la sesión plena del Congreso del 20 de julio de 2026.
El resultado habla solo: Henríquez obtuvo 56 votos frente a los 45 de Alfredo Deluque, candidato del Partido de la U que contaba con el respaldo del presidente electo Abelardo de la Espriella. El factor decisivo fue el Pacto Histórico, colectividad declarada en oposición al gobierno entrante, que tiene 26 curules en el Senado y las puso al servicio del partido de Álvaro Uribe.
Lo que vino después confirma el cuadro. Un video difundido por el medio Nariño Hoy muestra a Vallejo acercándose a la bancada del Pacto Histórico tras la elección, estrechando la mano de los senadores Iván Cepeda, Aida Avella, David Racero y Walter Rodríguez. No hubo pancartas contra Petro, no hubo gritos, no hubo la oposición de siempre. Solo silencio comprado.
Vallejo no ha emitido ningún pronunciamiento sobre el chat ni sobre el video. El Centro Democrático, por su parte, insistió en que respaldará las iniciativas del presidente electo «siempre y cuando coincidan con sus tesis legislativas» en seguridad, empresa privada y Estado reducido, pero también expresó su «preocupación por la intervención percibida del gobierno entrante en la elección del presidente del Senado».
Ahí está la hipocresía en estado puro. El partido que durante cuatro años agitó pancartas contra Petro y se presentó como bastión de la resistencia democrática negoció en silencio con el petrismo para arrebatarle al presidente electo el control del Senado. La doble vara no podría ser más escandalosa: acusan interferencia del gobierno entrante mientras pactan con el gobierno saliente.
El daño no es solo para el Centro Democrático. Es para De la Espriella, que llega a la presidencia con la cámara alta en manos de una alianza que ya demostró que el poder inmediato le importa más que cualquier principio. Que no te lo cuenten: la primera batalla legislativa del nuevo gobierno la perdió antes de asumir, y la perdió frente a sus propios aliados.



