Mario Silva estalló. El conductor de La Hojilla, otrora voz del chavismo más duro, arremetió esta semana contra Jorge Rodríguez. Lo acusó de sentarse con Dinorah Figuera bajo instrucciones directas de Washington.
La razón del escándalo: el inicio de un proceso de negociación política entre la delegación oficialista y la presidenta de la Asamblea Nacional electa en 2015. Para Silva, eso no es diálogo. Es capitulación.
«Estados Unidos le dijo a Jorge Rodríguez, ya hay que decirlo con nombre y apellido: Dinorah Figuera, siéntense y unan esfuerzos», afirmó Silva en su programa. Fue directo. Sin eufemismos.
Después fue más lejos. «Donald Trump está prácticamente ordenándole otra violación a nuestras leyes, ordenándole a la Asamblea Nacional que se ponga de acuerdo con Dinorah Figuera», sostuvo.
Silva cuestionó que Rodríguez compartiera mesa con quien él califica de «delincuente». Argumentó que el reconocimiento estadounidense sobre la Asamblea de 2015 convierte ese diálogo en una cesión de soberanía. No en un acuerdo. En una entrega.
La acusación fue más amplia. «Ya tienen tomado el Poder Electoral, el Poder Judicial, el Poder Legislativo y el Poder Ejecutivo», aseguró. También preguntó, sin responder: «¿A qué vino John Barrett?»
El conductor llamó a la militancia del Psuv, a las organizaciones oficialistas y a los colectivos a pronunciarse. Pidió argumentos. Habló de «invasión silenciosa». Exigió que alguien dijera en voz alta si eso era o no una invasión.
Nadie del aparato respondió públicamente.
Estados Unidos mantiene su reconocimiento sobre la Asamblea Nacional de 2015 como la última institución venezolana con origen democrático. Ese es el nudo. Rodríguez encabeza la delegación oficialista en las conversaciones. Silva, desde afuera, lo denuncia como traición.
Lo que está en juego aquí es más que una pelea interna. El chavismo construyó décadas de relato sobre soberanía, anti-imperialismo y resistencia frente a Washington. Ese relato acaba de chocar con la realidad: el propio régimen negocia bajo condiciones que, según uno de sus propagandistas históricos, fueron fijadas por Trump.
Que no te lo cuenten. El bolivarianismo que prometía independencia terminó sentándose donde Washington señaló. Y el primero en decirlo no fue la oposición. Fue Mario Silva.



