No hay duda de que el comité de selección del College Football Playoff tiene una tarea difícil. En el formato actual, solo 12 equipos llegan a los playoffs, y esa cifra se convirtió en el símbolo máximo del éxito o del fracaso de una temporada.
Las consecuencias son enormes. Las contrataciones de entrenadores se deciden con base en apariciones en playoffs. El orgullo de las conferencias, tanto en el discurso público como en las deliberaciones internas, también se mide por esa vara.
Con intereses tan distintos en juego, es imposible dejar contentos a todos. Siempre habrá un equipo 13.º que sienta que fue desplazado. Siempre habrá una escuela del Power 4 que crea haber quedado fuera para darle paso a una del Group of 6. Y siempre habrá conferencias presionando por meter a más de sus miembros.
Además, la evaluación se hace por seres humanos. Y los seres humanos se equivocan, tienen sesgos o priorizan cosas distintas. Esa realidad vuelve todavía más frustrante la opacidad del proceso del comité y de sus herramientas de evaluación.
Durante años, los miembros del comité han dicho que toman en cuenta la fortaleza del calendario y el historial de campaña en sus deliberaciones y en su top 25. Pero hay poca transparencia sobre cómo calculan realmente esos factores. Decirlo no es lo mismo que mostrar el trabajo.
¿Crean sus propias métricas basadas en victorias y derrotas contra equipos clasificados por AP? ¿Se apoyan solo en la impresión visual? ¿O usan análisis avanzados generados por computadora? Nadie lo sabe con claridad.
Ahora el comité reveló que añadió otra métrica para orientar sus discusiones: la fortaleza de la conferencia. Bien, más métricas con menos claridad. Exactamente lo que necesitaba un sistema que ya dependía de decisiones discutibles.
La doble vara es evidente: se promete objetividad mientras se multiplica el espacio para la interpretación. Y cuando no hay transparencia, cada nueva variable puede convertirse en otra capa de burocracia, no en una mejora real.
El problema de fondo no es solo qué métrica entra, sino quién decide y con qué criterio. Mientras el comité siga operando con poca rendición de cuentas, cualquier cambio sonará más a ajuste de relato que a reforma seria. Que no te lo cuenten.


