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Opinión · Análisis

El Concejo de Los Ángeles retiró el voto para no ciudadanos, pero el plan sigue vivo

La propuesta cayó 14-0 tras haber sido aprobada 10-5, pero sus impulsores ya buscan una ciudad más pequeña o una elección especial para intentarlo de nuevo.
Imagen generada con IA
sábado 4 de julio de 2026

El Concejo Municipal de Los Ángeles retiró su propia iniciativa de boleta que, de haber sido aprobada en noviembre, habría permitido a no ciudadanos votar en elecciones locales. La votación para retirarla fue unánime: 14-0. La ironía es que la votación original para ponerla en la boleta había sido 10-5.

El giro de 180 grados no fue un acto de principios. Fue pánico político.

Según el análisis publicado por el New York Post, la propuesta no contenía ningún mecanismo que impidiera a inmigrantes ilegales participar en esas elecciones locales. Personas sin derecho legal a estar en el país habrían podido tomar decisiones sobre la gestión y el futuro de una de las grandes ciudades de Estados Unidos. Nadie en el Concejo se detuvo a preguntar si otorgar ese derecho sería siquiera constitucional — una pregunta que, como mínimo, el propio artículo califica de «complicada».

Tampoco hubo respuesta sobre cómo administrar ese proceso: cómo aparecerían los no ciudadanos en los padrones locales sin filtrarse a las elecciones estatales y federales. Detalles menores, al parecer, para quienes votaron a favor.

La retirada, según el mismo análisis, respondió a que el escándalo amenazaba con convertirse en un tema nacional de primer orden en plena temporada de elecciones de medio término. Los promotores de la idea, dice el texto, «esperarán el momento oportuno»: una ciudad más pequeña, una elección especial, menos reflectores.

El patrón ya es conocido. Se lanza el globo, se mide la reacción, se retira si el costo político es alto, y se reintenta en condiciones más favorables. No es democracia deliberativa; es ingeniería electoral por etapas.

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Que no te lo cuenten: lo que estaba en juego en Los Ángeles no era «darle voz a los inmigrantes trabajadores», como se enmarcó la propuesta. Era redefinir quién tiene derecho a decidir sobre el aparato estatal local — impuestos, contratos, servicios, seguridad — sin pasar por el proceso de ciudadanía que la ley exige.

El voto no es un trofeo de participación. Es el mecanismo por el cual una comunidad política soberana se autogobierna. Diluirlo con padrones que no distinguen entre ciudadanos y no ciudadanos no amplía la democracia: la vacía. Y cuando la burocracia progresista de una ciudad de 13 millones de habitantes intenta hacerlo por la puerta trasera de una boleta local, el principio en juego es mayor que Los Ángeles. El relato se cayó solo — pero sus arquitectos ya están buscando la próxima ventana.

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