El Comité de Reglas de la Cámara de Representantes aprobó el lunes habilitar un voto en pleno sobre la Sunshine Protection Act. El resultado fue 6-4. La ley permitiría a los estados adoptar el horario de verano de forma permanente, con opción de no sumarse.
El presidente Donald Trump lleva tiempo exigiendo este cambio. «Es hora de que la gente deje de preocuparse por el reloj», escribió tras el avance del proyecto en comité. «Vamos con la alternativa más popular: conservar la luz del día, que te da un día más largo y brillante».
El impulso bipartidista tiene historia reciente. En mayo, el Comité de Energía y Comercio aprobó la medida por 48 votos contra 1. El Senado ya la había pasado por unanimidad en 2022. Murió entonces en la Cámara. Esta vez el escenario es distinto.
El autor del proyecto, el representante Vern Buchanan (R-Fla.), argumenta que eliminar el cambio de hora reduciría accidentes de tráfico, bajaría el crimen y mejoraría la salud pública. Unos 20 estados —entre ellos Florida, Alabama, Oregon, Maine y Carolina del Sur— ya aprobaron legislación local que entraría en vigor si el Congreso da luz verde.
No todos están convencidos. Varias organizaciones médicas sostienen que el horario estándar permanente sería la opción más saludable. Argumentan que se alinea mejor con los ritmos circadianos del cuerpo. La representante Mary Gay Scanlon (D-Pa.) propuso una enmienda para fijar el horario estándar en todo el país. Fue rechazada de inmediato.
Desde el flanco conservador también llegaron críticas. El representante Keith Self (R-Texas), del House Freedom Caucus, escribió el lunes: «Los republicanos están poniendo el foco en lo secundario, tocando los relojes mientras el país arde». Self y otros prefieren que la mayoría concentre energía en la Ley SAVE América y en codificar las órdenes ejecutivas de Trump sobre seguridad fronteriza.
El debate sobre la hora puede parecer menor. No lo es. Detrás hay una pregunta real sobre quién decide cómo los ciudadanos organizan su tiempo, su actividad económica y su vida cotidiana. La burocracia del cambio de hora cuesta dinero, distorsiona horarios y no tiene ningún defensor entusiasta entre la población. Que el Congreso haya tardado décadas en resolver algo tan sencillo dice más del aparato legislativo que del problema en sí.
Que no te lo cuenten: si la ley pasa, será una victoria concreta para millones de americanos. Sin ideología. Sin gasto nuevo. Solo menos fricción estatal en la vida diaria. Eso, precisamente, es lo que el gobierno limitado debería hacer más seguido.



