El Servicio Postal de Estados Unidos subió el precio de la estampilla Forever a 82 centavos desde este 12 de julio. Antes costaba 78 centavos. El alza representa un incremento del 4,8% en el conjunto de tarifas postales.
La Comisión Reguladora Postal autorizó los cambios el miércoles pasado. No tuvo base legal para rechazarlos: la propuesta cumplió con la legislación vigente. Eso es todo. Trámite aprobado.
El USPS presentó la propuesta en abril. Su argumento fue directo: enfrenta una «grave crisis financiera» y costos operativos en alza permanente. El organismo lo dijo con todas las letras en su propio texto.
El cargo por onza adicional para cartas individuales no cambió. Se mantiene en 29 centavos. Las estampillas compradas antes del 12 de julio siguen siendo válidas. No hay diferencia que pagar.
El regulador aprobó el ajuste, pero dejó una advertencia sobre la mesa. El USPS enfrenta caída de volumen de correo, problemas de desempeño y un deterioro financiero que no cede. La comisión señaló, además, que el servicio postal utilizó «prácticamente toda la autoridad tarifaria disponible» para el correo de primera clase. En términos simples: ya no queda mucho margen para seguir subiendo precios bajo las reglas actuales.
Hay un dato que importa recordar. Según Fox Business, el USPS no recibe fondos de los contribuyentes para sus gastos operativos. Depende de lo que cobra por franqueo, productos y servicios. Eso lo distingue de otros organismos federales que simplemente piden más presupuesto cuando los números no cierran.
Pero la distinción tiene un límite. El sistema de fijación de tarifas es regulado. El Congreso fija los objetivos. La comisión revisa. El USPS propone. Y el usuario paga cada vez más por un servicio que, según el propio regulador, tiene problemas persistentes de desempeño.
Eso es la burocracia en su forma más clásica. Un aparato que crece en costos, encoge en volumen y traslada la diferencia al precio. La comisión lo reconoce. Lo aprueba igual. Y advierte que el esquema actual quizás no sea viable en el tiempo.
El relato se cayó solo. No hace falta añadir nada.



