Los números no mienten, aunque el relato político los ignore.
Esta semana la Secretaría de Economía de México informó que las exportaciones hacia Estados Unidos alcanzaron en mayo un valor de 54 mil 180 millones de dólares, un récord histórico para cualquier mes. Del otro lado del mostrador, México importó bienes estadounidenses por 33 mil 050 millones de dólares, según la Oficina del Censo de EE.UU.
El déficit comercial total de Estados Unidos subió 42.2 por ciento en mayo, hasta 77 mil 600 millones de dólares, un salto de 23 mil millones respecto a los 54 mil 600 millones de abril. Y aquí viene el dato que desnuda el argumento arancelario: el mayor componente que empuja ese desequilibrio no es el acero ni el aguacate. Son los servidores.
Según el periodista Enrique Quintana, las exportaciones mexicanas de la partida 8471 —máquinas de procesamiento de datos y servidores— crecieron 61 por ciento anual en el primer trimestre. El capítulo 84 ya desplazó al sector automotriz como el principal rubro de compras de EE.UU. en México, con cerca del 30 por ciento del total. Y el 97 por ciento de esos envíos cumple las reglas de origen del T-MEC, pagando un arancel efectivo de prácticamente cero.
El motor de fondo es el boom de inteligencia artificial. Las importaciones estadounidenses de bienes de capital alcanzaron un récord de 128 mil millones de dólares en mayo, impulsadas por la inversión en centros de datos. Como señala Quintana: «Ese boom se construye con hardware importado... o no se construye».
La comparación regional termina de romper el argumento proteccionista. Los mayores déficits bilaterales de mayo fueron con Vietnam (20 mil 600 millones de dólares), México (20 mil 100 millones) y Taiwán (19 mil 400 millones). Ninguno de los otros dos tiene T-MEC con Washington. Si el tratado fuera la causa del desequilibrio, ¿cómo se explican esos dos?
En el primer trimestre, el déficit con México sumó 44 mil 761 millones de dólares, alrededor del 21 por ciento del total estadounidense, y aun así quedó en tercer lugar, detrás de Taiwán y Vietnam.
Sobre la mesa del T-MEC, el panorama sigue abierto: el 1 de junio EE.UU. rechazó renovar el acuerdo en su «formato actual» y anunció una tercera ronda de negociaciones bilaterales con México para el 20 de julio.
---
Que no te lo cuenten. La narrativa de que los aranceles de Trump corregirían el déficit con México era, en el mejor caso, un diagnóstico equivocado; en el peor, un pretexto para golpear la manufactura binacional. La libre empresa no tiene fronteras cuando necesita servidores: los compra donde los hay, al precio que puede. Castigar exportaciones mexicanas que cumplen las reglas de origen del propio T-MEC no reduce el déficit; destruye empleos en ambos lados y encarece la infraestructura digital que el mismo mercado estadounidense demanda. El aparato burocrático puede imponer aranceles. No puede imponerle a la economía que deje de querer computación.



