La investigación sobre el abuso del programa de visas H-1B avanza a velocidad inusual. El vicepresidente JD Vance la anunció la semana pasada y el Departamento de Trabajo ya tiene engranajes en movimiento.
«Tenemos áreas donde ya estamos en proceso de redactar afidávits para obtener órdenes de registro», confirmó Anthony D'Esposito, inspector general del DOL al frente de la investigación.
El blanco inmediato es el fraude: determinar si un programa diseñado para atraer talento excepcional se convirtió en una tubería de mano de obra barata. Hasta ahora, la única empresa señalada por nombre es la consultora de tecnología Cognizant, tras denuncias de informantes. Pero fuentes citadas en el reporte advierten que muchas grandes compañías tecnológicas dependen de miles y miles de visas como mecanismo de reducción de costos.
El caso que encendió la mecha: Microsoft recibió aprobación para incorporar 2.273 portadores de visa H-1B mientras anunciaba simultáneamente 4.800 despidos, entre ellos aproximadamente el 20% de su fuerza laboral de Xbox. La combinación golpeó un nervio en la opinión pública y pareció confirmar lo que los críticos llevan años señalando.
El programa fue creado con la Ley de Inmigración de 1990. En su primer año se emitieron alrededor de 52.000 visas. Para el año fiscal 2026, el tope es de 65.000 nuevas visas más otras 20.000 para extranjeros graduados con maestría o doctorado en universidades estadounidenses, según el Servicio de Ciudadanía e Inmigración. Hoy hay 730.000 portadores de visa H-1B activos en el país. Aproximadamente el 65% de las visas H-1B emitidas en 2025 corresponden a trabajadores en empresas tecnológicas.
D'Esposito va más allá del fraude contable. «El abuso del H-1B no es solo sobre empleos. Es sobre si los jóvenes estadounidenses todavía creen que tienen una oportunidad justa en el sueño americano», dijo. Apuntó además a un problema cultural: crecer escuchando que el talento local no es suficiente, que la mano de obra extranjera es más barata y más sofisticada, tiene un costo psicológico medible. Un análisis reciente de datos del censo indica que un récord de 25 millones de adultos menores de 35 años siguen viviendo con sus padres.
El propio inspector general reconoció que esto no es nuevo: «Esta extorsión del programa H-1B no es nueva», dijo, y acusó a liderazgos anteriores en múltiples oficinas de inspectoría de haber sido «parte de la podredumbre burocrática que consume Washington».
Incluso voces del ecosistema de Silicon Valley que antes se oponían a cualquier restricción admiten ahora, según fuentes citadas en el reporte, que un reinicio es necesario.
El relato se cayó solo. Durante años, la narrativa oficial fue que el H-1B traía genios irremplazables que ningún americano podía igualar. Lo que las órdenes de registro y los despidos simultáneos de Microsoft exponen es algo más prosaico: una burocracia cómplice que permitió que el «talento excepcional» se convirtiera en un arbitraje laboral subsidiado por el contribuyente y pagado con las oportunidades de la generación siguiente. Que el aparato estatal empiece a actuar no es suficiente — pero es, al menos, un comienzo honesto.



