El diálogo entre el chavismo y un sector opositor arrancó este jueves en Caracas. La sede: la base aérea La Carlota. Los ausentes más notorios: María Corina Machado y Edmundo González Urrutia.
Por el lado chavista encabeza la mesa Jorge Rodríguez. Por el lado opositor, Dinorah Figuera. Algunos partidos de la Plataforma Unitaria Democrática (PUD), como Voluntad Popular y Primero Justicia, respaldaron las conversaciones. Pero sus líderes máximos no están sentados ahí.
La PUD publicó un comunicado en X. El tono fue de distancia vigilante. «Nuestro compromiso estará con todo esfuerzo que produzca resultados concretos y contribuya al avance de la transición democrática», escribió el bloque. Sin resultados, sin respaldo.
Las condiciones que pone la PUD son tres. Cese de la persecución política. Regreso de los exiliados. Restitución de los derechos civiles y políticos. Las llaman «condiciones indispensables». No adornos, no gestos: hechos verificables.
Machado y González Urrutia dijeron antes que no serán «obstáculo a ninguna iniciativa que produzca avances reales». Pero también aclararon que evaluarán el proceso «con base en logros concretos y verificables». Entre esos logros mencionaron la liberación de todos los presos políticos, garantías reales para todos los actores y «un cronograma electoral presidencial oportuno».
En su primera reunión, las delegaciones acordaron mantener un primer ciclo de conversaciones hasta el 12 de agosto. También definirán metodología, fases de trabajo y agenda de temas. Eso es lo que produjo el día uno.
Que no te lo cuenten. Este diálogo nació con una fractura visible: los líderes que el régimen más teme no están en la sala. El chavismo lleva años usando la negociación como instrumento de tiempo. Convoca mesas, firma acuerdos, gana meses. Los presos siguen presos. Los exiliados siguen fuera. El cronograma electoral sigue sin aparecer.
La PUD hizo bien en condicionar su respaldo. El principio es simple: sin instituciones legítimas y sin libertades reales, cualquier acuerdo es papel mojado. La burocracia del diálogo no es lo mismo que la democracia. Hasta el 12 de agosto, el relato está en prueba.



