Don Lemon, el expresentador que perdió su silla en CNN en 2023, anunció que está considerando lanzarse a la presidencia de Estados Unidos en 2028. Lo dijo sin rodeos en el podcast «Can't Be Censored», grabado en su casa de Nueva York: «Creo que sería un presidente realmente bueno. Lo digo completamente en serio».
Cuando le preguntaron si ya tiene un equipo exploratorio, Lemon respondió que ha «metido el dedo del pie» en el asunto. «He hablado con personas que han estado en política y les pregunté: ¿qué haría falta? ¿Cuándo tendría que entrar?», declaró. También dijo que preferiría no depender de grandes donantes y aspira a una campaña «impulsada por ciudadanos y votantes», con contribuciones de cinco o diez dólares.
Sobre sus rivales potenciales fue directo: «Miro alrededor y veo a los que posiblemente están en la carrera, y algunos son impresionantes. Muchos, la mayoría, no lo son». Y lanzó su dardo contra el presidente en ejercicio: «El presidente actual no está haciendo un gran trabajo para la gente trabajadora ni para la economía estadounidense. Lo está haciendo fantástico para sus amigos ricos».
Lemon fue despedido de CNN en 2023. Aunque la cadena nunca dio una razón oficial, según AP News y otros medios el detonante fueron sus comentarios sobre Nikki Haley —entonces de 51 años— en los que sugirió que no estaba «en su mejor momento». Si Lemon se presenta en 2028, tendrá 11 años más de los que tenía Haley cuando hizo esa observación, detalle que la fuente original señala sin ambigüedad.
Lemon atribuyó su despido a racismo y homofobia dentro de la cúpula de CNN. «Querían deshacerse de mí por ser el chico negro y gay. Al cien por ciento», afirmó.
Que no te lo cuenten. Un presentador despedido por comentarios que él mismo consideraría sexistas si vinieran de otro lado ahora invoca la doble vara para explicar su caída y se postula como voz del ciudadano trabajador. El perfil encaja perfecto con el nuevo demócrata de temporada: credenciales de víctima, cero experiencia en gestión pública y un discurso de clase media que se pronuncia desde una casa en Manhattan. La pregunta no es si Lemon puede ganar —las probabilidades son remotas—, sino qué dice del estado del partido que figuras así llenan el vacío de liderazgo. Cuando la oposición al libre mercado y al orden institucional no encuentra candidatos con trayectoria real, el espectáculo mediático ocupa el lugar de la política. Y el contribuyente, como siempre, observa.



