La izquierda radical demócrata está de fiesta. Gana primarias en territorios azules profundos. Acumula titulares. Pero hay un problema: las elecciones generales no se ganan en Brooklyn.
Jon Cowan y Matt Bennett lo escribieron sin rodeos en The Washington Post: «Moverse muy a la izquierda es veneno en una campaña general presidencial». La aritmética es brutal. Según su análisis, si el candidato demócrata obtiene el 60 por ciento de los votantes moderados, gana la presidencia. Si no lo logra, pierde. Así de simple.
La receta que proponen para un aspirante demócrata de 2028 tiene nombre: «centrismo combativo que desafíe el statu quo, no cautela ni socialismo». Eso implica pelear contra Trump. No implica virar más a la izquierda, una «dirección que los votantes rechazaron» en 2024. Lo llaman amnesia. Tienen razón.
Pero la advertencia no es solo para los demócratas. Liz Peek escribe en The Hill que los republicanos no pueden limitarse a señalar «la chifladura» del socialismo y esperar que eso alcance. Los socialistas no solo ganan en feudos azules. Hacen «incursiones en un país» que se ha vuelto «menos entusiasta con el capitalismo». El dato que respalda esa alarma es concreto: según sondeos citados en la columna, casi dos tercios de los estadounidenses de entre 18 y 29 años tienen una visión favorable del socialismo.
El pollster John McLaughlin aporta la hoja de ruta para los republicanos. Los votantes quieren «alivio fiscal para la clase media, reducción del despilfarro y el fraude, prueba de ciudadanía y requisitos de identificación electoral». Y rechazan el socialismo cuando se lo conecta con «soluciones de Gran Gobierno». El mensaje existe. Falta ejecutarlo.
En Oriente Medio, el análisis de James Jay Carafano en 1945 describe lo que llama «la mayor reconfiguración del Medio Oriente» de la historia. La capacidad de Irán de «cerrar hasta un tercio o más de las exportaciones mundiales de petróleo» ha sido eliminada. El llamado «Tablero de la Paz» está «impulsando proyectos de reconstrucción regional» para desplazar a los «sustitutos iraníes». Integración económica y cooperación de seguridad entre potencias regionales. No son señales de derrota, dice Carafano. Son transformación.
En otro frente judicial, la jueza Sonia Sotomayor rechazó la solicitud de la Autoridad Palestina de congelar una sentencia de 655 millones de dólares contra la Organización para la Liberación de Palestina. La condena corresponde a ataques contra estadounidenses durante la Segunda Intifada. La AP argumentó que pagar podría provocar su colapso. Seth Mandel, en Commentary, lo llama por su nombre: «toma de rehenes».
Dos lecciones para llevarse a casa. Primera: el socialismo no se derrota solo con burla. Se derrota con resultados concretos para la gente de a pie. Segunda: la rendición de cuentas no es negociable. Ni en las urnas ni en los tribunales. Quien amenaza con el caos para escapar de sus responsabilidades ya tomó esa decisión antes. Que no te lo cuenten.



