El ministro de Vivienda, Beltrán, compareció este miércoles ante la plenaria del Senado. Tuvo que defenderse de una moción de censura. El motivo: se fue a Santa Marta con su familia mientras Colombia atendía la emergencia del terremoto del 10 de agosto.
Volvió a pedir disculpas. Pero aclaró que no considera haber hecho nada indebido. «Como lo dije varias veces, si alguien se sintió ofendido, ofrezco mil disculpas», afirmó ante el pleno.
La oposición no se conformó con eso. El senador Gómez, uno de los promotores de la moción, señaló que el viaje duró tres días. Según él, durante ese periodo Beltrán habría trabajado apenas una hora de manera virtual. También cuestionó que se destinaran más de $14 millones para el esquema de seguridad del ministro durante su estadía en Santa Marta.
Hay otro problema más serio. En respuestas a derechos de petición, el Ministerio de Vivienda reconoció que, hasta la fecha, no ha suscrito contratos ni convenios para ejecutar obras de reconstrucción derivadas del sismo. La razón oficial: el proceso «se encuentra en una etapa de diagnóstico técnico, censo y estructuración de los instrumentos jurídicos y financieros necesarios». Meses después del terremoto. Sin un solo contrato firmado.
Beltrán intentó encuadrar el debate en los números. Dijo que el presupuesto para 2027 contempla $700.000 millones para el sector. Pero reconoció que solo los proyectos de agua pendientes representan cerca de $6 billones. Y que la reconstrucción requeriría otros $4 billones adicionales. La brecha es enorme. El ministro dijo que ya presentó dos solicitudes al Ministerio de Hacienda para buscar recursos. «La olla la dejaron raspada», insistió.
El senador Sánchez, del Partido Verde, fue más directo. Calificó a Beltrán de «indolente» y le pidió que dé un paso al costado.
La moción de censura se votará la próxima semana. Por ahora, no tiene los votos para prosperar. El Gobierno mantiene respaldo en bancadas como el Centro Democrático, Liberal, Conservador, La U, Cambio Radical y Salvación Nacional.
Ahí está el cuadro completo. Un ministro que viajó tres días mientras su país enfrentaba una emergencia. Un ministerio sin contratos de reconstrucción meses después del sismo. Una brecha de financiamiento de billones de pesos. Y un Congreso que, pese a todo, no tiene voluntad de cobrarle la factura.
Eso no es control político. Es teatro. El relato del Gobierno —«estamos en diagnóstico», «la olla estaba raspada»— corre sin mayor resistencia institucional. Mientras tanto, las familias afectadas por el terremoto siguen esperando. No una disculpa. Una casa.



