La NOAA informó que El Niño se está fortaleciendo y que hay una probabilidad mayor del 90% de un evento muy fuerte durante el otoño e invierno del Hemisferio Norte 2026-27. Para octubre-diciembre de 2026, el boletín habla de 75% de probabilidad de un evento histórico, por encima de todos los Niños registrados desde 1950.
En Colombia, el impacto ya empieza a dibujarse en números que importan. XM revisó su previsión de reservas hídricas y concluyó que el Sistema Interconectado Nacional podría caer a un mínimo de 15,7% en el segundo trimestre de 2027. Además, la generación térmica se mantendría en máximos durante 10 meses seguidos.
El cuadro no es menor. Durante el Niño de 2023-2024, los embalses llegaron a cerca de 27%, según estimaciones de Sandra Fonseca, exdirectora de Asoenergía. Ahora XM advierte que varios de los principales embalses operarían en niveles en los que nunca lo han hecho, lo cual muestra un riesgo para la atención confiable y segura de la demanda eléctrica ante la incertidumbre en la producción hidráulica.
El reporte también trae presión sobre los precios. La nota cita una proyección de inflación hacia 7,3% y una inflación de alimentos al 16%. En paralelo, el texto menciona que el Ministerio de Hacienda anunció un proyecto de ley de urgencia para conseguir $1,2 billones ante El Niño.
Sergio Cabrales dijo que «El Niño se consolida» y que hay 98% de probabilidad de un evento muy fuerte al cierre de 2026. También señaló que la probabilidad de El Niño alcanza el 100%, lo que confirma que el fenómeno seguirá dominando el escenario climático durante los próximos meses.
Luis Felipe Molina explicó que la atmósfera ya respondió, con vientos alisios debilitados y lluvias desplazadas al centro y oriente del Pacífico, mientras se suprimieron sobre Indonesia. A su juicio, el tanque de calor sigue lleno y seguirá empujando agua caliente a la superficie.
El relato climático se cruza aquí con una realidad mucho más concreta: menos agua en los embalses, más dependencia de la generación térmica y más presión sobre el bolsillo de los colombianos. Cuando el aparato estatal llega tarde y el suministro se vuelve frágil, el costo no lo paga la burocracia. Lo paga el ciudadano.
Que no te lo cuenten. El Niño no es un debate académico. Es un problema de orden, energía y dinero de los contribuyentes. Y otra vez la doble vara: se habla de transición y de planeación, pero cuando llega la prueba real, todo depende de reservas escasas y de una infraestructura sometida al límite.



