Un hombre de 42 años identificado como Stephen Charles intentó retrasar su comparecencia ante el Tribunal Supremo del Bronx el lunes alegando que no podía subir en elevador porque, según su abogado Scott Spivak, «no ha estado en un elevador en 25 años». El retraso duró aproximadamente una hora antes de que Charles accediera a subir los tres pisos al tribunal.
Una vez en sala, el juez Deronn Bowen lo ordenó detenido sin derecho a fianza tras escuchar los cargos: una acusación formal de 48 delitos que incluyen violación, agresión sexual predatoria contra menores, acto sexual criminal y poner en peligro el bienestar de un niño.
Según la fiscalía, Charles es agresor sexual registrado desde 2004 y acumuló en 2018 una condena adicional por no registrarse como tal. Los fiscales del Bronx indicaron en sala que presuntamente agredió a al menos seis víctimas entre enero de 2018 y mayo de 2026. Las víctimas son en su mayoría varones de 10, 11, 13 y 16 años; también hay una niña de 13 años y un hombre de 18.
La fiscal auxiliar Rachel Baughman explicó que Charles se ganaba la confianza de las familias: «Compartían fiestas, cumpleaños. Él cuidaba a esos niños y a sus hermanos». Algunas víctimas lo llamaban «padrino»; otras eran sus propios hijos. Según los fiscales, Charles conoció a varias víctimas en albergues municipales del Bronx donde residía con sus cuatro hijos.
El caso salió a la luz cuando una exnovia sospechó que sus hijos —de 8 y 11 años— estaban siendo abusados después de que huyeron del hogar en junio. Al ser interrogados por la policía, los menores dijeron que su padre biológico los estaba «lastimando», lo que desencadenó la aparición de más víctimas. Los hechos ocurrieron en los barrios de Morris Heights, Baychester y Soundview, según las autoridades. La fiscalía advirtió que cree que existen víctimas adicionales.
Alrededor de una docena de familiares de los denunciantes llenó las últimas filas del tribunal y lloró audiblemente durante la audiencia; un oficial tuvo que repartir pañuelos. «Esto ha sido muy impactante. Él jugó el papel de padre, de mejor amigo, y saber que lo hizo en mi propio apartamento», declaró entre lágrimas la madre de una víctima a las puertas del tribunal.
Que no te lo cuenten. El caso expone una falla sistémica que va más allá del individuo: un agresor sexual registrado, con condena vigente por evadir ese mismo registro, accedió durante años a menores vulnerables en albergues financiados con dinero público. El aparato burocrático que debía supervisarlo falló. No una vez: repetidamente, durante casi una década. La pregunta que nadie en la administración de la ciudad quiere responder es cuántos Charles más circulan por esos mismos albergues mientras el sistema mira hacia otro lado.



